RESÚMENES BLOQUE 11.


11.1. La creación del Estado franquista. Grupos ideológicos y apoyos sociales. Etapas de la dictadura y principales características de cada una de ellas. El contexto internacional: del aislamiento al reconocimiento exterior.

Introducción
En sentido estricto, la dictadura franquista empezó el 01/10/36, al ser elegido el general Francisco Franco, por sus compañeros militares sublevados, Jefe del Estado, del Gobierno y Generalísimo de los ejércitos, y duró hasta su muerte, el 20/11/75.
 La esencia del régimen se mantuvo inalterable mientras duró, sin embargo, se liberalizó en algunos aspectos, no por voluntad propia, sino por las necesidades surgidas del contexto internacional y de la situación económica.

La creación del Estado franquista, bases ideológicas y apoyos sociales
Franco era un militar africanista, católico, que profesaba un nacionalismo de signo agresivo y excluyente. Consideraba las virtudes atribuidas al ejército como la esencia de los valores nacionales. En su régimen los militares fueron el apoyo más decidido y fiel, teniendo un papel relevante a la hora de administrar el poder. El autoritarismo como seña de identidad de esta institución, fue también uno de los rasgos distintivos del régimen. Para el mantenimiento del orden utilizó a la Guardia Civil y la Policía Armada, que se convierten en el poder disuasorio del régimen.
Catolicismo y patria se convirtieron para él en la misma cosa. Se veía a sí mismo como elegido por Dios para salvar a la patria, sobre todo tras el apoyo de la Iglesia a su bando en la guerra. El franquismo se definirá ideológicamente como nacionalcatólicismo. La jerarquía eclesiástica y la mayoría del clero fueron el poder legitimador de la dictadura ante la opinión católica nacional e internacional. A partir de la firma del concordato con la Santa Sede en 1953, la Iglesia tuvo presencia en las más altas instituciones del régimen. Los llamados ¨católicos¨ estuvieron siempre presentes en todos los gobiernos de Franco. Sin embargo, algunos sectores de católicos, en Cataluña y el País Vasco, se mantuvieron hostiles al franquismo. A partir del Concilio Vaticano II (1962-65), una parte de la jerarquía eclesiástica y del clero también inició un distanciamiento progresivo.
Su nacionalismo agresivo se basaba en una interpretación heroica de la historia de España, según la cual tenía un destino imperial. La frustración de este destino se debía a las influencias de la Ilustración y del liberalismo, corrientes llegadas de fuera de España.
Según el dictador, los enemigos naturales que conspiraban contra España eran los liberales, los masones, los anarquistas, lo judíos, los socialistas y los comunistas. Además, su idea monolítica y homogénea de España no admitía la autonomía vasca, catalana o gallega, por lo que serían eliminadas, y las manifestaciones nacionalistas, perseguidas.
En definitiva, Franco estaba en contra de la democracia y de la separación de poderes de la revolución liberal. Creía en la unidad, la autoridad y la jerarquía. Definía su régimen como democracia orgánica, que implicaba que la representación política no la constituían los individuos, sino lo que se suponía que eran las unidades orgánicas de la sociedad: la familia, el municipio y el sindicato.
Los rasgos propios y permanentes del franquismo fueron el carácter de dictadura personal, el unipartidismo y la división permanente del país entre vencedores y vencidos. Fue, sobre todo al principio, una versión del fascismo. Aunque el franquismo tuvo que ir adaptándose a las nuevas circunstancias internacionales y sociales, nunca renunció a sus principios básicos.
La Falange y los tradicionalistas constituyeron pilares ideológicos fundamentales. Durante la Guerra los unificó creando, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, aunque de afiliación no obligatoria más que para los funcionarios del Estado. La Falange era un cuerpo burocrático del Estado, con funciones de propaganda y de organización.
Además, el franquismo contó con el apoyo de los terratenientes, financieros, empresarios, pequeños propietarios rurales, etc. A lo que se le añadió, como apoyo popular indirecto, el proceso de desmovilización política de la sociedad española, debido, en parte, a la propaganda del Régimen, la censura y el miedo a una nueva guerra civil. Este fenómeno social se conoce con los nombres de mayoría silenciosa, mayoría ausente o franquismo sociológico.

Etapas políticas institucionalización del régimen. El contexto internacional, del aislamiento al reconocimiento internacional.
La dictadura franquista pasó por tres fases políticas relacionadas con su proceso de institucionalización y las circunstancias internacionales: fase totalitaria (39-59), fase tecnocrática (59-69) y fase de descomposición (69-75). La fase totalitaria se caracterizó por el retroceso económico, la involución ideológica y la dureza de la represión.
La evolución de la 2ª Guerra Mundial condicionó la política interior. Cuando estalló la guerra, España se declaró neutral, tras no llegar a un acuerdo con Hitler para su participación, aunque ante los triunfos de Alemania pasó a la No Beligerancia, mostrando claramente su simpatía por las potencias del Eje y enviando la División Azul para luchar contra la URSS. El franquismo se identificó aún más con el fascismo. Cuando las potencias del Eje empezaron a tener problemas, España se declaró nuevamente neutral y comenzó a entablar contacto con los aliados. Para mostrar una imagen más representativa, la dictadura se dotó de las Cortes y el Fuero de los Españoles.
Las Cortes formadas por procuradores, la mayor parte nombrados por Franco o por instituciones del Régimen, no controlaban la acción del Gobierno y Franco reunía íntegramente los poderes ejecutivo y legislativo. El Fuero de los Españoles era una declaración de derechos de los españoles, una especie de sucedáneo de Constitución. Pero estos derechos no podían utilizarse para atacar la unidad espiritual, nacional o social de España. Además, el Régimen tenía la posibilidad de suspenderlos. En el mismo año 1945 se aprobó la Ley de Referéndum, que pretendía mostrar que en España estaba reconocido el sufragio universal. Así, esta ley establecía que los españoles podían ser consultados individualmente en forma de plebiscito nacional, siempre por decisión de Franco y para preguntarles sobre las cuestiones de Estado.
Cuando acabó la Guerra Mundial, la dictadura quedó aislada internacionalmente, tanto diplomática como económicamente. Las grandes potencias vencedoras consideraban a España como el último reducto del fascismo. En 1946, el régimen franquista no fue admitido por la ONU y Francia cerró la frontera con España, además de que se retiraran los embajadores de España, de la mayor parte de países a instancia de la ONU.
Franco justificó el aislamiento como una conjura internacional de los enemigos de España. Pero tomó algunas medidas para mejorar la imagen del régimen como la eliminación del saludo con el brazo alzado, la creación del Consejo de Regencia y del Consejo del Reino y la promulgación de la Ley de Sucesión (1947). Aprobada en referéndum, con el voto afirmativo del 93% de los votantes, con solo una abstención del 18%. Según esta ley, España se convertía en un reino, pero el jefe del Estado perpetuo seguía siendo Franco, quien quedaba facultado para designar a su sucesor a título de rey. El dictador no especificó qué dinastía seria la que reinaría posteriormente, aunque las posibilidades apuntaban hacia el príncipe Juan Carlos.
Con la intensificación de la ¨Guerra Fría¨, EEUU vio la posibilidad de apoyarse en el régimen español, anticomunista, para hacer frente a la URSS, lo que propició el cambio de actitud de EEUU hacia el franquismo. En 1950, la ONU anuló el aislamiento diplomático de España. En 1952, España fue admitida en la UNESCO y, en 1953, EEUU y España firmaron el Pacto de Madrid, por el que se creaban bases militares estadounidenses en España, a cambio de ayuda militar y económica. También el Vaticano firmó con España el concordato. En 1955, España fue admitida en la ONU.
Tras el fin del aislamiento internacional, ante la crisis económica, Franco incorporó al gobierno a un grupo de expertos en economía en 1957, los tecnócratas. En 1958 se promulgaba la Ley Fundamental de Principios del Movimiento Nacional, que mantenía la vigencia de algunos principios falangistas por los cuales los únicos sistemas de participación política eran la familia, el municipio y el sindicato. También declaraba que estos principios eran inalterables y permanentes
Comenzaba la llamada fase tecnocrática.
 El acontecimiento que marcó de manera más clara el fin del aislamiento fue la visita oficial a España del presidente de EEUU, Eishenhower, en 1959, que supuso el afianzamiento definitivo del poder de Franco a nivel exterior.
Desde el punto de vista socioeconómico, en esta etapa, se experimentó una modernización de la economía y de la sociedad (fruto de las medidas llevadas a cabo por los ministros llamados tecnócratas), aunque no hubo cambios en el sistema político, a pesar de leyes como la Ley de Prensa (66), propiciada por Manuel Fraga, que suprimía la censura previa y establecía una tímida libertad de expresión, la Ley de Libertad Religiosa (67), que toleraba el culto privado y público de otras religiones, aunque el Estado seguía siendo católico o la Ley Orgánica del Estado (66) una especie de constitución que aseguraba la pervivencia del régimen después de la muerte del dictador en la que se mantenía la forma del Estado como reino y la fidelidad a los principios fundamentales del Movimiento. Separaba la jefatura del Estado de la presidencia del Gobierno y se establecía la elección de un tercio de las Cortes, aunque no se podían presentar candidatos de asociaciones políticas. De acuerdo con esta ley, Franco designó como sucesor al príncipe Juan Carlos.
España se integró en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OCDE, y firmó acuerdos comerciales y políticos con Alemania y Francia. Las relaciones internacionales se fueron normalizando. En 1962, el Gobierno solicitó a la CEE la solicitud para su incorporación, que siempre fue denegada por el carácter antidemocrático del franquismo.

Entre 1969 y 1975 se produjo la descomposición del régimen franquista, motivado, principalmente, por el deterioro físico de Franco (quien cada vez delegaba más poder de decisión en Carrero Blanco), el distanciamiento, cada vez mayor, de una parte de la Iglesia y la cada vez mayor capacidad movilizadora de la oposición, además de las acciones terroristas de ETA y del FRAP. La decadencia también se evidenció por las tensiones dentro del régimen entre los inmovilistas, partidarios de mantener sin cambios el régimen instaurado desde la sublevación del 36; y los aperturistas, a favor de realizar reformas que llevasen a una democracia limitada. La parálisis política se agravó a partir de diciembre del 73 con el asesinato de Carrero Blanco, jefe de Gobierno, por ETA.


11.2. Política económica del franquismo: de la autarquía al desarrollismo. Transformaciones sociales: causas y evolución.

INTRODUCCIÓN
En sentido estricto, la dictadura franquista empezó el 01/10/36, al ser elegido el general Francisco Franco, por sus compañeros militares sublevados, Jefe del Estado, del Gobierno y Generalísimo de los ejércitos, y duró hasta su muerte, el 20/11/75.
La esencia del régimen se mantuvo inalterable mientras duró, sin embargo, se liberalizó en algunos aspectos, no por voluntad propia, sino por las necesidades surgidas del contexto internacional y de la situación económica.

LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS: DE LA AUTARQUÍA AL DESARROLLISMO
A)      La larga posguerra y la autarquía (39-50)
La Guerra Civil trajo una gran devastación y unos costes económicos elevados (enormes gastos en armamento, destrucción de infraestructuras), además del descenso de la renta nacional y per cápita, a estas causas del estancamiento económico se unió el aislamiento internacional. Aunque no fue normal que el estancamiento y la depresión económica duraran casi veinte años. Por lo que, entonces, la situación económica no se debió solo a las consecuencias de la guerra, sino también a la política económica franquista y los efectos de la Segunda Guerra Mundial que favorecieron la duración de esta crisis.  Fue un tiempo de restricciones eléctricas, hambre y miseria.
El primer franquismo, fiel a las ideas fascistas, optó por la autarquía económica, caracterizada por la voluntad de aislarse económicamente del exterior, fomentando los recursos propios, (aunque fue imposible por la falta de materias primas y fuentes de energía) y la intervención del Estado en la producción y distribución de bienes, lo que supuso la falta de alimentos, su racionamiento y la aparición de un mercado negro. Además de fijar los valores de cambio de la moneda.
Esta situación económica llevó al deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora y el descenso de sus salarios. Sin embargo, no todos sufrieron esta precaria situación económica, como algunos empresarios que se beneficiaron de la paz social impuesta por el régimen o las personas dedicadas al estraperlo.
En definitiva, la autarquía significó un incremento de las desigualdades sociales, un empobrecimiento general y una progresiva corrupción de la administración.
B)      De la década de los 50 al desarrollismo
Entre 1951 y 1957, España empezó a recuperar la situación económica de 1935. Aunque el régimen no abandonó la autarquía, sí se suprimieron algunas medidas intervencionistas. Esto, junto al fin del aislamiento internacional y el inicio de la ayuda estadounidense, permitió un crecimiento moderado. Aunque este crecimiento no fue equilibrado y tuvo dos consecuencias destacadas: por una parte, un aumento importante de la inflación; por otra, el pago de las importaciones, cada vez más numerosas, hacían disminuir las reservas de divisas del Estado, hasta llegar prácticamente a la insolvencia en el año 1957, situación que planteó la necesidad urgente de un plan para estabilizar la economía.
El Plan de Estabilización de 1959 marcó el inicio del llamado ¨milagro español¨ (1963-1973), período de gran crecimiento económico que terminó con la crisis final de la dictadura franquista (1973-1975). Ante la grave situación económica Franco en 1957 incorporó al Gobierno a un grupo de técnicos expertos en economía, los llamados tecnócratas, muchos de ellos relacionados con el Opus Dei. Los más destacados fueron el ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastre, ministro de Comercio, quienes prepararon el Plan de Estabilización y Liberalización de 1959. Este plan tenía dos grandes objetivos: por una parte, frenar la inflación, y, por otra liberalizar el sector exterior. A raíz de este plan también se devaluó la peseta y se impulsó una tímida reforma fiscal. Fundamentalmente el Plan de Estabilización consistió en la modificación de la autarquía y en el establecimiento de las bases para convertir la economía española en un sistema capitalista clásico. Franco aunque desconfiaba del Plan, pues iba en contra de sus principios, acabó aceptándolo ante la grave situación económica. En los primeros meses los efectos del Plan fueron muy negativos: cayó la productividad de las empresas, los sueldos bajaron, el coste de la vida aumentó así como el paro.
 Los efectos positivos del Plan empezaron a notarse a partir de 1961, año que se inicia un crecimiento sostenido, bastante espectacular a partir de 1963. Durante la década de los 60, el producto industrial creció cerca del 160% y la renta per cápita aumentó notablemente, España, por fin, se convertía en un país industrializado. Este despegue económico se debió a diferentes factores: en primer lugar al turismo, el crecimiento de las economías de los países occidentales propició la llegada creciente de turistas extranjeros, a partir de 1958. Las divisas ( dinero aportado por el turismo y por los emigrantes) constituyeron una de las fuentes de financiación más importantes para el desarrollo económico; en segundo lugar, la existencia de una dictadura que reprimía al movimiento obrero, que la mano de obra fuera barata y que se pagaran pocos impuestos sirvió para atraer el capital extranjero; tercero, la buena marcha de la economía europea llevó a muchos españoles a ir a trabajar a Europa, con ello en España se reducía el índice de parados y además los emigrantes enviaban parte de su sueldo a sus familiares en España. Además otra causa de la expansión económica fueron los Planes de Desarrollo impulsados por el Gobierno entre 1963 y 1975, de duración cuatrienal.
La expansión económica se frenó a partir de 1973 por los efectos de la crisis del petróleo, que provocó una fuerte inflación, el aumento del déficit comercial y presupuestario.

LOS CAMBIOS SOCIALES
Durante la primera etapa del franquismo hasta 1959, la sociedad española sufrió un giro hacia formas más conservadoras, a partir de esa fecha, la modernización económica vino acompañada de cambios sociales profundos. A pesar de los desequilibrios territoriales y el mantenimiento de la desigualdad de la renta, en 1975 la sociedad española ya era mayoritariamente urbana, había variado la estructura de clases, había modificado sus pautas de conducta y había mejorado su nivel educativo. En este contexto, también hay que señalar el progreso de la laicización, con el retroceso de la influencia de la Iglesia católica.
En general, el franquismo supuso la vuelta a los valores más conservadores, por ejemplo, para la mujer, el retorno al sistema de valores tradicionales machistas y la pérdida de todos los derechos y avances conseguidos durante la Segunda República. La mujer estaba sometida al hombre. La consideración del delito de adulterio, solo para la mujer, fue la manifestación extrema del machismo de esa sociedad.
En la educación se prohibió la coeducación y se acostumbraba a la mujer, desde muy pequeña, a su papel clásico de ama de casa. La legislación laboral dificultaba el acceso de las mujeres al mundo del trabajo. En los 70 se modificaron algunos de estos aspectos, se modificó la legislación sobre las mujeres solteras y se aceptó la coeducación en la escuela pública (Ley General De Educación).
El triunfo del franquismo supuso el final del gran momento cultural de principios de siglo. La prensa, la escuela y la universidad sufrieron una severa depuración. El franquismo pretendió restablecer la cultura católica y nacional tradicional frente a la presencia de la liberal y progresista de la etapa anterior. La victoria en la guerra fue objeto de alabanza en la pintura, escultura o arquitectura. Todo lo que pareciera vanguardia cultural era rechazado.
La educación pasó a ser controlada por la Iglesia católica, después que el profesorado liberal sufriera un proceso de depuración. A finales de los 50 y en los 60 el control por parte de la Iglesia en la enseñanza pública y la universidad de diluyó progresivamente e incluso algunos sectores y movimientos de la iglesia acogieron una oposición al régimen.
Frente a la pobreza cultura, el franquismo propició la cultura de masas, del entretenimiento y de la evasión, utilizando el cine, el fútbol o los toros con ese fin.
En los 50 aparecieron algunos atisbos de cultura no oficial en la literatura, en la universidad y en las manifestaciones artísticas. En los 60 se multiplicaron las manifestaciones de cultura autónoma y crítica.
La ley de Prensa de 1966 permitió la aparición de nuevas revistas, diarios y editoriales que podían manifestar una tímida crítica contra el régimen. En los últimos años de la dictadura, la cultura liberal se había impuesto por completo, a pesar de la hostilidad del régimen. La llegada de turistas, el regreso de los emigrantes y la propia política de la dictadura de acercamiento a Europa fueron los principales motivos de estos cambios.
Uno de los factores de modernización de la sociedad española durante la dictadura franquista fue el flujo irreversible de habitantes del campo a los núcleos urbanos. Este hecho trajo consigo la concentración creciente de la población en las grandes ciudades y sus alrededores. La expansión de las ciudades españolas se caracterizó por la falta de planificación, lo que supuso la degradación de los centros históricos y un crecimiento desordenado y a menudo de mala calidad.
El predominio de la sociedad urbana junto con el retroceso del colectivo jornalero y la expansión de una clase de agricultores medios orientados al mercado, supuso uno de los cambios sociales más importantes de la historia contemporánea de España.
En los núcleos urbanos aumentó el número de trabajadores de la industria y del sector servicios, que duplicaron sus efectivos entre 1950 y 1970, además creció la cualificación de estos trabajadores. El movimiento obrero cambió de mentalidad, frente al carácter revolucionario que tuvo en general en la época republicana, durante la dictadura pasó a organizarse alrededor de las clandestinas CCOO, sindicato que se centró en la demanda de mejoras salariales y en la reivindicación de derechos sindicales y democráticos. A pesar del aumento de la conflictividad laboral en la última etapa del franquismo, el talante reformista del movimiento obrero hizo que las clases medias dejaran de ver al proletariado con el temor que el régimen pretendía seguir fomentando, para justificar la falta de libertad.
Finalmente, por lo que respecta a la clase media, se produjo un incremento cuantitativo y un cambio cualitativo. Así, la nueva clase media, integrada por cuadros superiores, vendedores, empleados de oficina o técnicos medios, aumentó numéricamente, además su mentalidad era más abierta y dinámica, frente a la forma de pensar de la vieja burguesía.



11.3. La oposición a la dictadura: principales grupos y evolución en el tiempo. La crisis del franquismo desde 1973 a la muerte de Franco.

INTRODUCCIÓN
En sentido estricto, la dictadura franquista empezó el 01/10/36, al ser elegido el general Francisco Franco por sus compañeros militares sublevados Jefe del Estado, del Gobierno y Generalísimo de los ejércitos, y duró hasta su muerte, el 20/11/75.
La esencia del régimen se mantuvo inalterable mientras duró. Sin embargo, se liberalizó en algunos aspectos, no por voluntad propia, sino por las necesidades surgidas del contexto internacional y de la situación económica.

LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN
Una de las características que el franquismo no abandonó nunca fue la represión contra movimientos democráticos e izquierdistas, los ideales republicanos y los nacionalismos. No obstante, al acabar la guerra se constituyeron movimientos de oposición al régimen.
La actividad clandestina del PCE, PSOE y CNT nunca se interrumpió, donde más se notó su presión fue, durante la fase de aislamiento, con huelgas en Cataluña y el País Vasco, aunque disminuyó en los 50.
Los grupos monárquicos, cuya base social eran la nobleza y la alta burguesía conspiraron también contra el régimen. En 1943, un grupo de tenientes generales reclamaron la restauración de la monarquía y, en 1945, Juan de Borbón, publicó un manifiesto que solicitaba a Franco que restaurara la monarquía en su persona.
El maquis se constituyó a partir de dos grupos diferentes, núcleos que subsistían por las zonas de montaña, que querían continuar la guerra esperando una oportunidad que permitiera una ofensiva exterior; y las unidades que victoriosamente habían luchado contra los alemanes en Francia e intentaban trasplantar aquella experiencia a España. Su acción más espectacular fue la ocupación del valle de Arán, aunque fracasaron debido a su aislamiento, la represión del régimen y el miedo a otra guerra civil entre la población.
En los 50, la oposición interna experimentó cambios significativos como la renuncia a la práctica violenta, la transformación social y generacional de sus miembros y el impulso de la actuación opositora en las universidades y los sindicatos franquistas. Las convocatorias de huelga, ilegales, fueron frecuentes y reivindicaban mejoras económicas. Frente a estas acciones, el franquismo endureció la represión aunque aceptó cierta flexibilidad respecto a las demandas salariales.
La oposición durante la fase tecnocrática se manifestó en el Congreso de Munich (62), en el que estuvieron presentes miembros de los partidos en el exilio, junto a representantes de una oposición interna muy moderada. Franco respondió encarcelando o desterrando a los participantes de aquella reunión cuando regresaron a España.
Los 60 y el principio de los 70 se caracterizaron por la continuación de la conspiración monárquica, el fortalecimiento de la oposición y de las críticas al régimen, que se extendieron a toda la sociedad, y las acciones terroristas del FRAP y de ETA.
En las protestas se mezclaban las reivindicaciones políticas, económicas y laborales. Se rechazaba el sindicalismo oficial y se demandaba la libertad sindical y derechos políticos.
Durante esta época, el PCE y el PSOE se configuraron como los partidos más importantes de la clandestinidad. La Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática, creadas en torno al PCE y el PSOE, respectivamente, pusieron de manifiesto que la alianza antifranquista unía diversas opciones políticas.

ETAPA FINAL DEL FRANQUISMO. LA FASE DE DESCOMPOSICIÓN
Entre 1969 y 1975 se produjo la descomposición del régimen franquista, motivado, principalmente, por el deterioro físico de Franco (quien cada vez delegaba más poder de decisión en Carrero Blanco), el distanciamiento, cada vez mayor, de una parte de la Iglesia y la cada vez mayor capacidad movilizadora de la oposición, además de las acciones terroristas de ETA y del FRAP. La decadencia también se evidenció por las tensiones dentro del régimen entre los inmovilistas, partidarios de mantener sin cambios el régimen instaurado desde la sublevación del 36; y los aperturistas, a favor de realizar reformas que llevasen a una democracia limitada. La parálisis política se agravó a partir de diciembre del 73 con el asesinato de Carrero Blanco, jefe de Gobierno, por ETA.
En los dos últimos años de dictadura, Carlos Arias Navarro fue el elegido como jefe de Gobierno. Su política se caracterizó por una mayor represión, entre otras cosas al constatarse la existencia de una asociación clandestina de militares demócratas, la Unión Militar Democrática.
En los 70, las democracias occidentales acabaron aceptando el régimen, aunque se mantuvo su exclusión de las instituciones políticas internacionales. La ejecución de cinco sentencias de muerte para miembros del FRAP y de ETA, en 1975, por parte del Gobierno, produjo una protesta internacional contra la dictadura. En los últimos días del franquismo se volvió al aislamiento internacional y moral de los 40. Franco, reaccionando como en tiempos pasados, pronunció su último discurso en Madrid, atribuyendo las protestas a una conjura de los enemigos de España.
Coincidiendo con la agonía de Franco estalló el problema del Sahara. Después de 1973, se había constituido el Frente Polisario en defensa de la independencia saharaui. La ONU había exigido a España un proceso de descolonización. En 1975, representantes del Gobierno español y del Frente Polisario se reunieron en Argel para tratar este tema. Aprovechando la debilidad del Gobierno español y la enfermedad de Franco, Hassán II, rey de Marruecos, vio la oportunidad de anexionarse este territorio. En octubre tuvo lugar la Marcha Verde, en la que miles de marroquíes se dirigieron a la frontera del Sahara. El miedo a una guerra con Marruecos hizo que la dictadura claudicara y aceptara la anexión del Sahara por parte de Marruecos y Mauritania.
Franco moría el 20 de Noviembre del 75, acabando la dictadura más larga de la España contemporánea y el país se abría a un destino incierto.


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