REVISIÓN DE LOS EPÍGRAFES DE LA 1ª EVALUACIÓN


BLOQUE 1. La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía visigoda (711).

1.1.    Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre.
Durante el paleolítico podemos encontrar rasgos comunes a las sociedades humanas de ese periodo: la caza, pesca y recolección como base de la subsistencia; el nomadismo estacional, el desarrollo de técnicas en la fabricación y manejo de útiles, la creación de vínculos familiares y sociales, el lenguaje y formas de comunicación de ideas, etc.
En el Neolítico (piedra nueva), se produce una auténtica revolución para el ser humano, pue éste por primera vez puede controlar el abastecimiento de alimentos, tras aprender a cultivar plantas y domesticar animales, a producir objetos cerámicos y a fabricar tejidos. Eso significa que se pasó de una economía exclusivamente depredadora a otra productiva. La seguridad y regularidad en la alimentación permitieron un aumento de población y la reducción de los desplazamientos, y dieron lugar a los primeros poblados estables. Esta sedentarización favorecía la especialización productiva y la división del trabajo, lo que propiciaría la generación de excedentes de producción y, por tanto, la aparición de la propiedad privada y la diferenciación social.
En la última etapa del Paleolítico, el Paleolítico Superior, el desarrollo del ser humano, sus creencias mágico-religiosas permitieron la aparición de las primeras manifestaciones artísticas. Los humanos de esa época suponían que el representar un animal facilitaría su caza, por lo que éstos se pintaron en cavernas y refugios. Esta producción se denomina arte rupestre. En estas pinturas, se va a utilizar el color e incluso se aprovechará el relieve de la roca para dar sensación de volumen y alcanzar un mayor naturalismo. Las pinturas de este periodo se adscriben a la escuela franco-cantábrica, destacando en España las pinturas de Tito Bustillo, el Castillo y sobre todo Altamira.
En el Mesolítico aparecen nuevas pinturas pertenecientes a lo que se ha llamado escuela levantina. Se localizan en la costa mediterránea española, realizadas al aire libre, en abrigos u oquedades de acantilados. En ellas se representan escenas de la vida del hombre primitivo: escenas de caza, lucha de guerreros, danzas femeninas, etc. Ejemplos son las pinturas de El Cogull y Alpera.

1.2.    Los pueblos prerromanos. Las colonizaciones históricas: fenicios y griegos. Tartesos.
En la Península se fueron formando dos culturas distintas pero relativamente interrelacionadas: la cultura celta y la cultura ibera, dentro de la cual podemos incluir también la cultura tartésica, Tartessos, palabra todavía asociada a aspectos sin determinar (ciudad o reino, origen, enclave, desaparición). Se piensa que su máximo desarrollo se produce entre los siglos IX y VII a. C., se le sitúa entre Huelva y Sevilla, se le asocia a avances en agricultura, navegación, trabajo metales (Tesoro Carambolo) y escritura, con contactos con los fenicios.
Los celtas o pueblos indoeuropeos llegaron procedentes de Centroeuropa, y se asentaron en la Meseta norte y en el noroeste. Sus poblados  más característicos son los castros, tenían una forma de vida bastante primitiva, se dedicaban a la ganadería principalmente y dominaban la metalurgia.
Los iberos estaban asentados en el sur de la Península y en la costa mediterránea. Se trata de un conjunto de pueblos con muchas características comunes, pero que nunca establecieron ninguna forma de unidad política, establecieron profundas relaciones comerciales con fenicios, griegos y cartagineses. La influencia de estos pueblos fue notable y lo podemos observar en algunas de las manifestaciones artísticas de los iberos, por ejemplo en la escultura, en la que destacan obras como las damas de Elche o de Baza.
En la zona de confluencia entre celtas e iberos, surgió una cultura con características peculiares procedente tanto del mundo celta como del ibero, los celtiberos, que fueron extraordinarios guerreros.
Desde el primer milenio antes de Cristo diversas potencias colonizadoras procedentes del Mediterráneo oriental se asentaron en la Península.
Los primeros en llegar fueron los fenicios, luego los griegos y más tarde los cartagineses. Estos últimos herederos de los fenicios pretendieron monopolizar el comercio en el Mediterráneo, enfrentándose primero con los griegos y después con los romanos.
Todos estos pueblos actuaron como difusores de elementos culturales y tecnológicos, a ellos se debe: la acuñación de moneda, el impulso de la vida urbana, la creación de factorías para salar y conservar el pescado, nuevos cultivos y sobre todo el uso del alfabeto. Ciudades como Gadir (Cádiz), Emporióm (Ampurias) o Cartago Nova, fueron fundaciones fenicias, griegas y cartaginesas respectivamente.

1.3.    Conquista y romanización de la Península Ibérica. Principales aportaciones romanas en los ámbitos social, económico y cultural.
La conquista de la Península por Roma, tuvo lugar en cuatro etapas, que se suceden entre el año 218 a. C., en que los romanos desembarcaron en la costa mediterránea e iniciaron la conquista del litoral, y el 19 a. C., en que se adueñaron de los territorios del norte de la Península.
La primera etapa de la conquista se inició cuando romanos y cartagineses se enfrentaron en la 2ª Guerra Púnica sobre territorio peninsular. El resultado de su victoria fue el dominio de todo el sur y este peninsular. La segunda etapa llevó el dominio romano hasta el alto Ebro, Meseta oriental y suroeste. En la tercera etapa la penetración hacia el interior encontró una resistencia feroz, fundamentalmente en dos zonas: la Lusitania y la Celtiberia (la lucha del lusitano Viriato o el sitio de Numancia han pasado a la posteridad convertidos en auténticos mitos de resistencia).
La cuarta etapa corresponde con las guerras cántabras que tuvieron como objetivo el sometimiento de los pueblos del Norte, cántabros y astures.
La dominación romana de Hispania supuso que su cultura, sus costumbres, sus leyes y su religión se impusieran sobre los pueblos autóctonos. Este proceso de asimilación ha sido denominado romanización.
La intensidad de la romanización fue muy diferente entre las zonas del sur y levante, en que fue temprana e intensa, y las del norte, en que fue muy débil y tardía.
A la hora de analizar las aportaciones de Roma es preciso comenzar señalando que el nombre del actual Estado, España, no es sino el término romance que se deriva de Hispania, nombre que utilizaron los romanos para designar el conjunto de la Península. La mayoría de las lenguas oficiales que se hablan hoy en España proceden del latín de los romanos. Por otra parte el derecho romano ha sido el pilar en el que se han sustentado la mayor parte de los ordenamientos jurídicos de la historia de España. Tampoco hay que olvidar que los tiempos de los romanos fueron coetáneos de la difusión en Hispania de la religión cristiana, cuyo papel en la historia  de España ha sido tan importante.
 Por último, todavía podemos disfrutar de importantes restos arqueológicos (arcos de triunfo, teatros, como el de Mérida, anfiteatros como el de Itálica en Sevilla, calzadas, acueductos como el de Segovia, puentes como el de Alcántara...) de las grandes ciudades romanas en Hispania, como los de Tarraco, Emérita Augusta, Itálica etc, que demuestran las importantes obras públicas realizadas por los romanos en la Península.

1.4.    El reino visigodo: origen y organización política. Los concilios.
Los visigodos eran un pueblo germano. El emperador romano Honorio logró que se establecieran al sur de la Galia como aliados. Allí crearon el reino visigodo de Tolosa.
Debido a la crisis en la que se encontraba el imperio romano en el 409 penetraron en  Hispania los suevos, vándalos y alanos, que recorrieron la Península en una campaña de saqueos, hasta asentarse en algunas provincias. Roma para expulsar a estos pueblos tuvo que acudir a las tropas visigodas asentadas en la Galia, Sólo los suevos, durante un tiempo, resistieron y organizaron un reino independiente en el noroeste.
Tras la caída del Imperio romano de occidente en el año 476, los visigodos, tras ser derrotados por los francos, abandonaron la Galia y se instalaron definitivamente en la Península Ibérica, donde se creó el reino visigodo de Toledo.
La monarquía visigoda era electiva, es decir, los nobles visigodos (la Asamblea de hombres libres) elegían de entre ellos a cada nuevo rey. Este hecho creó una acusada inestabilidad  política, debido a las luchas entre los nobles por hacerse con la corona.
En la práctica el rey gobernaba con la ayuda del Officium, compuesto por varios órganos de gestión, el Aula Regia o Consejo del Rey y los Concilios de Toledo, que eran reuniones de la Iglesia que colaboraban con el rey en ciertos asuntos de gobierno.
Reyes visigodos como Leovigildo, Recaredo o Recesvinto lograron la unificación política, jurídica, territorial y religiosa de este reino.
La figura más destacada de la cultura visigoda fue san Isidoro de Sevilla, impulsor de estudio del hebreo y el griego, de su vasta producción literaria destacan sus Etimologías.
Los visigodos destacaron en la orfebrería, un ejemplo de ello es el tesoro de Guarrazar.


BLOQUE 2. La Edad Media: Tres culturas y un mapa político en constante cambio (711-1474)

2.1. Al Ándalus: la conquista musulmana de la Península Ibérica. Emirato y califato de Córdoba.
El triunfo de los invasores musulmanes, a pesar de que su número era escaso, se debió a la profunda crisis en la que se hallaba la monarquía visigoda. Así cuando el rey Rodrigo se enfrentó en Guadalete (711) con un pequeño grupo de bereberes, dirigidos por Tariq Ibn Ziya, lugarteniente del gobernador del Norte de África, sufrió una gran derrota. Mientras Tariq ocupaba Córdoba y se dirigía a Toledo un nuevo ejército encabezado por el gobernador Musa Ibn Nusayr, cruzaba el Estrecho hacia Sevilla. En los años siguientes ambos caudillos ocuparon la mayor parte de la Península. Este territorio pasó a denominarse Al Ándalus, y quedó integrado como una provincia o waliato del vasto imperio dominado por el califato de Damasco.
En el 750 se produjo el derrocamiento del califato Omeya de Damasco por los abasidas. Al poco tiempo
llegaba a la Península un príncipe omeya que había sobrevivido a la matanza de sus familiares. Era Abd al Rahman I que pronto se declaró independiente del califato abasida, fundando en la Península un estado musulmán independiente:  el Emirato de Córdoba (756-929).
Cuando en el 912 accedió al emirato Abd al Rahman III, la unidad de Al Andalus estaba gravemente amenazada (sublevaciones internas, el reino de León en el Norte que empezaba a ser un peligro y la creación de un nuevo califato en el Norte de África). El nuevo emir acabó con las sublevaciones y logró que todos los reinos cristianos le rindieran vasallaje. El acto más importante fue romper el lazo religioso que lo unía con Bagdad, se proclamó califa y jefe de los creyentes. Eso supuso la independencia respecto a toda autoridad musulmana superior, y la iniciación de una nueva etapa de gobierno en Al Ándalus: el Califato de Córdoba (929-1031).
Dos hechos hicieron de este periodo el momento de máximo esplendor de Al Ándalus: la prosperidad económica y el reforzamiento del poder del ejército.

2.2. Al Ándalus: reinos de taifas. Reino nazarí.
        El coste económico que suponía el mantenimiento de un ejército tan numeroso y los nacionalismos encubiertos, provocaron la aparición de diferencias entre los diversos componentes de la comunidad islámica que acabaron saliendo a la luz. Como consecuencia, el califato se disgregó en treinta reinos, llamados reinos de Taifas (1031). Los más importantes fueron los de Zaragoza, Toledo, Badajoz, Sevilla y Granada.
         La historia de esta etapa se resume en el esfuerzo constante de cada uno de estos pequeños Estados para conservar su independencia. La amenaza de los reinos cristianos cada vez más poderosos, movió a los más importantes taifas a tratar de comprar la paz utilizando sus recursos económicos, a través del régimen de parias. Cuando la situación fue de verdadero peligro buscaron la ayuda de los poderosos estados musulmanes del Norte de África. Primero fueron los almorávides. La presencia de este pueblo beréber significó la reunificación política de Al-Ándalus,  ya que sometieron uno a uno a todos los reinos taifas, y la paralización del avance cristiano. Fue una ocupación militar que no duró más de 50 años, volviéndose a crear distintos reinos taifas. Pero, al poco tiempo un nuevo imperio, el de los almohades, volvió a imponer la unidad política. La derrota de los almohades por los reyes cristianos, en las Navas de Tolosa (1212), originaría la reaparición de los reinos taifas, que cada vez más débiles fueron siendo conquistados por los reinos cristianos. De tal manera que, en el siglo XIII, Al-Ándalus quedó reducido al reino nazarí de Granada, en 1246 el emir granadino Mohammad, firmó una tregua con Fernando III de Castilla en la que se reconoció como su vasallo y se comprometió  a pagarle un tributo. A pesar de los intentos de avance de los castellanos, los nazaríes se mantuvieron en el trono hasta 1492 cuando los Reyes Católicos conquistaron el reino.

2.3. Al Ándalus: economía, sociedad y cultura.
La sociedad  se caracterizó por una gran variedad étnica. Entre los invasores había bereberes, árabes, sirios..., y en la población preislámica existían hispano-godos y judíos. También por la diversidad religiosa,  convivieron musulmanes, cristianos y judíos, si bien, la mayoría de la población aceptó la religión musulmana. Así la población más numerosa la constituían los muladíes, o musulmanes de origen hispánico. El siguiente grupo eran los mozárabes, o cristianos que vivían bajo la dominación musulmana. Otros grupos los formaban los judíos y los esclavos, los primeros pronto destacaron tanto en la economía como en las ciencias.
 Otro importante rasgo de esta sociedad es que los más numerosos contingentes de población se asentaban en las ciudades.
Desde el punto de vista económico, Al-Ándalus supuso grandes innovaciones. Por ejemplo, en la agricultura, los musulmanes impulsaron la práctica del regadío, con novedades tan significativas como la noria, al tiempo que difundieron cultivos como los cítricos, el arroz, el algodón y el azafrán. También la vida económica de la Hispania musulmana se caracterizó por la existencia de un importante comercio y una pujante industria artesana, en especial textil, la fabricación de papel y de vidrio y el trabajo de las pieles, de los cueros y los metales preciosos. Todo este desarrollo económico ligado a la existencia de numerosas y populosas ciudades con un alto nivel de consumo. 
La cultura en Al-Ándalus fue una de las más ricas y de la época, fundamentada en la prosperidad económica de la sociedad hispano-musulmana y en cierta tolerancia intelectual que se manifestó especialmente durante el periodo califal y las primeras taifas.
 El principal impulso vino de las mismas cortes califales y de la personalidad de algunos califas, como Abd al-Rahman III y Al-Hakam II, que reunieron importantes bibliotecas y alentaron la creación y la investigación. Así, Córdoba  se convirtió en uno de los referentes culturales del mundo.
Las ciencias experimentales tuvieron un gran desarrollo. La filosofía alcanzó un gran desarrollo, el filósofo más célebre fue Averroes (siglo XIII), gran admirador y comentador de Aristóteles.

2.4. Los primeros núcleos de resistencia cristiana. Principales etapas de la Reconquista. Modelos de repoblación.
Los cristianos inician la resistencia en zonas y valles montañosos, Cordillera Cantábrica, Pirineos, de fácil defensa. El primer hecho significativo fue la victoria frente a los musulmanes de un grupo de visigodos encabezados por el noble Pelayo en Covadonga en el 722.
En las montañas cantábricas, con Pelayo como primer rey, surge el reino de Asturias, que con el tiempo, irá ampliando su territorio hacia las tierras del Duero, configurado el reino Astur-Leonés. Castilla surge como frontera oriental del reino Astur-Leonés, adquirirá su independencia en el s. XI con el conde Fernán González.
El otro área de resistencia se encontraba situada en el vertiente sur de los Pirineos, en donde los francos habían establecido una franja defensiva entre su territorio y Al  Ándalus. En esa zona surge el Reino de Navarra, el Reino de Aragón y en el nordeste los condados catalanes, que vivieron bajo la dominación franca hasta finales del s. IX, cuando el conde Wifredo el Velloso, llegó a reunir bajo su gobierno varios condados  y se convirtió en el fundador del Condado de Barcelona.
La Reconquista es el proceso de recuperación de tierras ocupadas por musulmanes. Entre las razones que motivaron la Reconquista podemos señalar: la presión demográfica en los reinos cristianos, las ansias de botín y el espíritu de Cruzada.
Etapas de la Reconquista:
1ª. S. VIII, IX y X, periodo de formación y consolidación de los reinos cristianos, ante la superioridad musulmana, los cristianos repueblan tierras deshabitadas del Valle del Duero, Galicia y Pirineo.
2ª S. XI, XII y XIII, es la época de las grandes luchas, los cristianos pasan a la ofensiva. Irán conquistando, primero los valles del Tajo (Alfonso V toma Toledo en 1085) y del Ebro (Alfonso I, el Batallador, Zaragoza en 1118), luego los del Guadiana, Turia y Júcar. Por último, tras la victoria frente a los almohades, en las Navas de Tolosa, en 1212, de una coalición de reinos cristianos capitaneados por el rey de Castilla, Alfonso VIII, el reino de Castilla conquistó el valle del Guadalquivir, y la Corona de Aragón (integrada por catalanes y aragoneses) el litoral mediterráneo. Quedando reducido el territorio musulmán al Reino de Granada.
3ª S. XIV y XV, se paraliza la ofensiva cristiana por diferencias internas hasta que los Reyes Católicos entre 1485 y 1492 ocupen el Reino de Granada.
La repoblación es la ocupación efectiva y la puesta en explotación económica de los territorios conquistados a los musulmanes. Distinguimos diferentes tipos en las diversas fases: - Presura o aprisio (valle del Duero y la Plana de Vic). Los campesinos, a veces pero no siempre, dirigidos por un noble o un clérigo, ocupan de forma libre la tierra. El rey sanciona posteriormente la legalidad de la propiedad.  - Repoblación concejil (valles del Ebro y del Tajo). Se basa en la creación de concejos y ciudades a los que el rey les dota de fueros o Cartas Pueblas que otorgan libertades y privilegios a sus habitantes para atraer a la población a una zona peligrosa de frontera. – Repoblación de los valles altos del Júcar, Turia y el Guadiana. La repoblación se basó en repartimientos a las grandes órdenes militares Santiago, Calatrava etc. - Repoblación de Extremadura, valle del Guadalquivir y fachada levantina. Los reyes otorgaron grandes territorios a los nobles y soldados que participaron en la conquista militar (donadíos o heredamientos).

2.5. Los reinos cristianos en la Edad Media: organización política, régimen señorial y sociedad estamental.
La España cristiana medieval era un mosaico de núcleos políticos diversos e independientes. Aunque el sistema político era la monarquía, las bases del poder político, social y económico estaban en el régimen señorial y el sistema feudal.
El señorío se caracteriza por muchas tierras cuyo propietario es un señor, que va a tener a su disposición  una amplia cantidad de campesinos como mano de obra servil y muy barata.
El Régimen señorial estará durante la Edad Media unido al sistema feudal,  momento en el cual la autoridad del rey es mínima y la de los señores (propietarios de tierras) grande, como para vertebrar toda una sociedad en torno a la tierra (el feudo), donde se establecerán unas relaciones personales de fidelidad mutua ya sea entre señores o campesinos con sus señores.
El régimen señorial en España aun teniendo la misma base y estructuras similares que el que se desarrolló en el resto de Europa, tiene sus propias características determinadas por la situación histórica de la península. El monarca entregaba grandes propiedades a sus señores nobles, a cambio del apoyo militar de estos en sus enfrentamientos con los musulmanes.
El origen del régimen señorial hunde sus raíces en el bajo imperio romano y en la ruralización de su economía en los últimos años, lo cual junto a las invasiones germánicas fue la génesis en Europa del sistema feudal que se desarrolló posteriormente durante toda la Edad Media en todo el continente.
La sociedad medieval estaba organizada siguiendo un esquema estamental. En la cúspide estaba la nobleza, cuyos privilegios se fundamentaban en la posesión de la tierra y en el establecimiento de las relaciones de vasallaje. Dentro de los privilegiados, también se hallaba el clero, si bien hemos de distinguir entre la jerarquía eclesiástica, equiparables en riqueza y poder a la alta nobleza, y el bajo clero. El tercer colectivo lo constituía el pueblo llano, campesinos y habitantes de las ciudades. Dentro de este grupo se fue creando una creciente diversidad social.

2.6. Organización política de la Corona de Castilla, de la Corona de Aragón y del Reino de Navarra al final de la Edad Media.
En Castilla, el rey, que gozaba de amplios poderes, vio fortalecida su autoridad. A mediados del siglo XIV, se estableció en el poder una nueva dinastía, la de los Tratámaras, en el siglo XV la corona de Castilla vivió fases de duras pugnas, con la consecuencia de la pérdida de poder del rey a favor de grupos nobiliarios.
Alcanzaron un gran desarrollo instituciones centrales de gobierno como el Consejo Real, un órgano de asesoramiento del monarca, la Audiencia órgano supremo de justicia y la Hacienda. En la Corte destacaban los cargos de Mayordomo Mayor, Condestable y Chanciller.
Una institución de suma importancia fue la de las Cortes, en ella se reunían los nobles, eclesiásticos y los delegados de las ciudades y villas. Las Cortes votaban los impuestos extraordinarios y podían presentar quejas al rey, pero no tenían facultad legislativa ni de control.
A nivel local los órganos esenciales de gobierno eran los concejos, desde mediados del siglo XIV quedó integrado por un número fijo de regidores nombrados directamente por el rey, entre las oligarquías locales. En la administración territorial destacan las merindades y adelantamientos.
La Corona de Aragón abarcaba los reinos de Aragón, Mallorca, Valencia y el principado de Cataluña. A lo largo de la Baja Edad Media se extendería por el Mediterráneo, incluyendo los reinos de Sicilia, Nápoles.
En cada uno de núcleos que la integraban mantenía sus instituciones. Había incluso delegados del poder del rey o lugartenientes del rey. En el transcurso del siglo XIII nacieron las Cortes, tenían potestad legislativa y actuaban independientemente en todos los reinos, aunque en ocasiones se reunían unas Cortes Generales. Desde mediados del siglo XIV se generalizó la costumbre de elegir unos diputados encargados de recaudar tributos para el rey. Esta costumbre dio origen a la Diputación del General, que se convirtió en un organismo independiente: la Generalitat, primero en Cataluña y después en Aragón y Valencia, institución que se consolidó en el siglo XV como órgano ejecutivo de los acuerdos de las Cortes. Una institución también importante fue el Justicia de Aragón. Los concejos como en Castilla terminaron cayendo en manos de las oligarquías locales. Territorialmente se dividían en honores, en Cataluña en veguerías.

BLOQUE 3. La formación de la Monarquía Hispánica y su expansión mundial (1474- 1700)

3.1. Los Reyes Católicos: unión dinástica e instituciones de gobierno.
En 1479, diez años después de la boda de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla se produjo la unidad dinástica de las coronas de Castilla y de Aragón (Fernando accedía al trono aragonés ese año). Antes fue necesario solucionar varios problemas, el más importante, fue la guerra civil en Castilla a la muerte de Enrique IV, entre su hermana Isabel y su hija bastarda Juana la Beltraneja. Tras la victoria en esa contienda, sobre todo tras la batalla de Toro, plasmada en la paz firmada con los portugueses en Alcaçobas (1479), Isabel fue reconocida definitivamente como reina de Castilla.
La trayectoria histórica de ambos reinos hacía difícil pensar en una unión política, así, sólo se planteo una unión dinástica, es decir, unos mismos soberanos iban a reinar en dos reinos distintos, a través de la fórmula ¨el rey y la reina¨ o la expresión ¨tanto monta¨,  eso sí, con tres objetivos comunes para las dos coronas: el dominio peninsular, la unidad religiosa de sus súbditos y la centralización del poder, procurando reducir la influencia de los nobles.
Cada reino conservó su organización institucional, sus antiguas leyes, sus propias formas de recaudar impuestos y sus monedas, pesos y medidas.
Fue en Castilla donde más se fortaleció el poder real frente al de la nobleza y al de las ciudades. En este sentido las Cortes castellanas, perdieron importancia y fueron convocadas en pocas ocasiones. Otro ejemplo de la voluntad de aumentar el control sobre el reino fue la constitución de Consejos que dependían directamente de la monarquía, como el Consejo Real ( tribunal supremo y cuerpo consultivo en política y administración del reino), el de las Indias, el de Hacienda o el de las Órdenes Militares, en ellos además de nobles y clérigos de alto rango, los monarcas se apoyaron en los letrados, gente de variada procedencia social que había adquirido en las universidades una sólida formación jurídica. En las ciudades se creó la figura del Corregidor, representante del rey con grandes atribuciones. También se creó la Santa Hermandad, que tenía como misión velar por el orden público sobre todo en los caminos.
No sucedió lo mismo en la Corona de Aragón, donde se mantuvieron las instituciones existentes y el pactismo en el que se basaban sobrevivió, no obstante nacen dos instituciones nuevas, como el virrey (ante la ausencia del rey) y el Consejo de Aragón.
La única institución con jurisdicción propia en ambas coronas era la Inquisición, que era un tribunal eclesiástico encargado de velar por la ortodoxia de la fé católica.

3.2. El significado de1492. La guerra de Granada y el descubrimiento de América.
El año 1942 ha pasado a la historia de España por tres hechos: la expulsión de los judíos; el final de la Reconquista, tras la toma de Granada y el descubrimiento de América y con él el inicio del gran imperio español.
 Tras poner fin a la guerra de sucesión y reorganizar el estado, las tropas castellanas y aragonesas se unieron para conquistar el Reino de Granada. Aprovechando la división y luchas internas entre los  musulmanes, a partir de 1484 los Reyes Católicos llevaron a cabo una larga y tenaz serie de asedios en lo que se denominó la Guerra de Granada, utilizando la novedosa artillería que condujo a la toma progresiva de las plazas granadinas una tras otra. En 1491 se dispuso el cerco de Granada y la construcción de Santa Fe, el campamento base desde el que los Reyes Católicos dirigen las operaciones de asedio. La campaña final concluyó el 2 de enero 1492 con la entrada en la capital y con la firma de las Capitulaciones de Santa Fe. Éstas garantizaban a sus habitantes poder conservar sus derechos, (vestidos, lengua, religión, justicia.). La pragmática del 11 de febrero de 1502 obligó a los musulmanes a convertirse o a salir del país. La mayoría optó por la conversión. Los recién convertidos fueron los llamados moriscos.
Durante los últimos siglos de la Edad Media, Europa se había enriquecido por medio del comercio con Oriente, pero, lamentablemente para el comercio europeo, el flujo de mercaderías orientales sufrió un grave retroceso al conquistar los turcos, en 1453, Constantinopla y luego la región mediterránea de los puertos de Beirut y Alejandría.
 El primer país de Europa en iniciar la búsqueda de una nueva ruta para llegar al Extremo Oriente fue Portugal. Este país procuró abrir el camino a Asia por el sur, es decir, bordeando el continente africano.
 En 1484, Cristóbal Colón se había presentado al rey de Portugal, Juan II, para proponerle llevar a cabo un plan: llegar a Catay (China) y Cipango (Japón) a través de una nueva ruta, navegando por el Atlántico hacia el oeste. Colón estaba convencido de que podía llegar al Extremo Oriente, pues sostenía que la tierra era redonda.
  Tras el rechazo del rey portugués, pasó a España en 1485. Allí fue recibido por los Reyes Católicos. Sin embargo, tardaría casi seis años en obtener el apoyo necesario para su empresa, pues los monarcas estaban consagrados a la conquista del reino de Granada.
 Por fin el 17 de abril de 1492, Colón firmó un contrato con la corona de Castilla, conocido bajo el nombre de Capitulaciones de Santa Fe. Según las capitulaciones, entre otras condiciones, Colón sería almirante, virrey y gobernador de las islas y tierras que descubriera. Por su parte, Colón se comprometía a someter a los habitantes de aquellas tierras al dominio de los reyes de España y enseñarles la religión católica.
 El 3 de agosto de 1492 la nao Santa María y las carabelas la Pinta y la Niña salieron del puerto de Palos, llegando el 12 de octubre a la isla de Guanahamí (San Salvador). Colón realizó cuatro viajes a América.
 Pronto surgieron disputas entre España y Portugal, por las nuevas tierras, el Tratado de Tordesillas, puso fin a este problema, delimitando las posesiones de ultramar de ambas coronas.

3.3. El Imperio de los Austrias: España bajo Carlos I. Política interior y conflictos europeos.
Hijo de Juana I de Castilla y de Felipe I de Habsburgo, nació en Gante (Flandes) en 1500. El día 30 de mayo de 1516 fue proclamado rey en Madrid  y se convirtió así en el primer monarca hispano de la casa de Austria. También fue proclamado Emperador con el nombre de Carlos V, para sustituir a su abuelo Maximiliano I de Austria. Carlos V reunió en su persona los territorios procedentes de la cuádruple herencia de sus abuelos: habsburguesa (Maximiliano I de Austria), borgoñona (María de Borgoña), aragonesa (Fernando el Católico) y castellana (Isabel la Católica). No obstante, los Estados gobernados por Carlos V o por sus representantes conservaron sus leyes tradicionales, fueros, lenguas, monedas, fronteras e instituciones.
Su principal objetivo fue defender el catolicismo, por ello se enfrentó a los turcos y a los príncipes protestantes alemanes, sus numerosos enfrentamientos con Francia se debieron a la lucha que ambos reyes mantenían por el dominio de Europa.
         En su testamento adjudicó la herencia borgoñona, aragonesa y castellana a su hijo Felipe II, mientras que el legado de los Habsburgo y el título imperial iban a parar a manos de su hermano Fernando I.
Para los castellanos, el que su rey fuera nombrado Emperador, suponía que éste tendría largos periodos de absentismo, y que habría que aumentar las contribuciones para hacer frente a los gastos. Al conocerse la noticia de su  elección se elevaron protestas en diversas ciudades castellanas. Esta revuelta llamada de los Comuneros, en realidad, había sido provocada por el ataque a la independencia de las Cortes castellanas, que veían cómo se sacrificaban los intereses propios y legítimos del reino a los intereses personales y dinásticos de Carlos. El nombramiento de extranjeros para altos cargos políticos aumentó aún más si cabe el descontento.
         La derrota del ejército comunero en 1521 y el ajusticiamiento de los principales cabecillas (Padilla, Bravo y Maldonado), acabaron con la revuelta y las ciudades castellanas que la apoyaron se vieron forzadas a capitular
En estos mismos años se produjo en Valencia y Mallorca otra rebelión, Las Germanías, protagonizadas por gremios de artesanos contra una nobleza corrompida propietaria de tierras, que detentaba el poder, fue una revuelta antiseñorial. Este movimiento también fue reprimido.
El movimiento Comunero contra el poder real, y las Germanías, movimiento social muy radical, no hicieron sin embargo tomar al Rey ninguna medida contra los fueros o leyes de los territorios sublevados.

3.4. La Monarquía Hispánica de Felipe II. Gobierno y administración. Los problemas internos. Guerras y sublevación en Europa.
Empieza a gobernar en 1556 con un ideario muy similar al de su padre: fortalecer el catolicismo y engrandecer el poderío hispánico.
Uno de sus principales enfrentamientos fue con los turcos. Ante la amenaza del expansionismo musulmán, Felipe II se alió con la Santa Sede y Venecia, formando la Liga Santa. Obtuvo un rotundo éxito en la batalla de Lepanto.
 Tuvo graves problemas en los Países Bajos. Con Inglaterra, en un principio existieron buenas relaciones, Felipe, estaba casado con su reina María Tudor. Su muerte y la subida al trono de Isabel I cambió el panorama y tres años después declaró la guerra a España, Felipe II decidió el ataque a las islas con el envío de la Armada Invencible. Las tempestades y la pericia de la escuadra inglesa hicieron de la gigantesca expedición un rotundo fracaso.
 Las relaciones con Francia fueron menos conflictivas  que en el reinado anterior.
El hecho más notable de su reinado fue la unión con Portugal. En 1580 se produce la unión peninsular. La incorporación de Portugal no tuvo nada que ver con un nacionalismo castellano. Se realizó dentro de un marco dinástico, fue el desenlace de la política de uniones matrimoniales que venía desarrollándose entre ambos reinos. Se inaugura una monarquía dual: dos reinos distintos, Portugal y España, en la persona del mismo monarca, Felipe II.
  No satisfechos con la solución, los portugueses restaurarán su  independencia, en tiempos de Felipe IV.
En política interior tuvo que hacer frente a la rebelión morisca de Las Alpujarras. El descontento de los moriscos estaba motivado por dos causas fundamentales: los fuertes impuestos y la  permanente presión de la Corona para anular sus diferencias culturales y religiosas. Los disturbios de Aragón en defensa de los fueros indican hasta que punto estaba  poco unida la Monarquía a finales del siglo XVI.
 Los Austrias van a continuar con el modelo político iniciado  por los Reyes Católicos.
El sistema de gobierno es una monarquía autoritaria, aunque su poder estuvo limitado por la existencia de diversos reinos y multitud todavía de señoríos. Las Cortes, o parlamentos, van perdiendo importancia aunque sigan reuniéndose. El rey gobierna con la ayuda de los Consejos, especializados en diferentes áreas: El Consejo de Estado (único común en todo el reino, le competen las grandes decisiones de política exterior), el de las Indias, el de Castilla, el de Aragón, el de Hacienda etc, en el siglo XVI se crearon también el de Italia, Flandes y Portugal. Los Consejos eran órganos consultivos formados por especialistas, fundamentalmente juristas, nombrados y pagados por el rey. Aumentó el poder de los Secretarios del rey, que llegaron a ser figuras clave del modelo de gobierno. Eran los encargados de informar al monarca de las decisiones de los distintos Consejos.

3.5. Exploración y colonización de América. Consecuencias de los descubrimientos en España, Europa y América.
Bajo el mecenazgo de Castilla, se inició la exploración de las nuevas tierras.  En 1499 Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio navegaron por Venezuela y Brasil. Juan de la Cosa realizó el primer mapa de América.
Con el descubrimiento vino la conquista en ese proceso podemos destacar la conquista del Imperio azteca en 1519 por Hernán Cortés que aprovechó la rivalidad de los aztecas con otros pueblos de la zona. Además, se vio favorecido por las creencias mitológicas que hicieron que lo acogieran como un enviado divino, la superioridad del armamento europeo (armas de fuego, cañones, acero…) y el empleo de caballos, desconocidos por los indígenas y a los que temían y fundó el virreinato de Nueva España.
 Francisco Pizarro conquistó el Imperio inca cuyas tierras quedaron agrupadas en el virreinato de Perú.
Tras la conquista vino la colonización de los territorios, con la consiguiente explotación de los recursos, que se dispuso en torno a sistemas como:
 La mita o el cuatequil, que obligaba a los indios al trabajo forzoso en las minas. Los repartimientos (asignación de población indígena para el trabajo en el campo) y las encomiendas (sistema de explotación que encomendaba a los colonos la evangelización de los indígenas a cambio de su trabajo).
Tras el descubrimiento de América, se abrió un flujo de comercio ultramarino, con consecuencias decisivas para Europa y España. La llegada de enormes cantidades de metales tuvo un efecto muy perturbador en la economía española: sirvió para financiar la política exterior y militar de la monarquía; contribuyó a incrementar la inflación (¨revolución de los precios¨) y a que la producción en las ciudades españolas perdiese competitividad ante la europea, y fue empleada una parte importante en inversiones suntuarias (templos, palacios…) pero no productivas.
La relación comercial entre España y América en la primera mitad del siglo XVI, estimuló la exportación de vino, aceite, tejidos, maquinaria, etc., hacia el continente americano. Sin embargo, esa demanda creciente enseguida empezó a ser atendida por los países europeos que utilizaban España como mero intermediario. En otro sentido, el comercio americano proporcionó una diversificación en productos agrícolas con la llegada de maíz, patata, nuevas hortalizas, etc., y productos coloniales de rápida aceptación (cacao, azúcar, tabaco, etc).
La labor de España en América ha suscitado muchas críticas, para la obtención de riqueza se utilizó de forma masiva, mano de obra indígena sin ningún reparo, ello y la llegada de enfermedades europeas provocó entre la población indígena un gran cataclismo demográfico. De ahí la actitud crítica de algunos religiosos, como el dominico Bartolomé de las Casas, la Corona aprobó las Leyes de Indias, que ponían el acento el respeto riguroso a los aborígenes, pero en la práctica no siempre se tuvieron en cuenta. La presencia de España en América se tradujo en una hispanización casi total del territorio.

3.6. Los Austrias del siglo XVII: el gobierno de validos. La crisis de 1640.
La novedad de este periodo fue que los reyes delegaron buena parte de sus atribuciones en manos de personas de confianza: “los validos”, costumbre que inicia Felipe III. Las razones podemos encontrarlas en un cierto desinterés y debilidad de carácter de los nuevos reyes. Los validos eran los protectores del poder real y mediadores entre el rey y los reinos, pertenecían a la aristocracia. Destacaron: el duque de Lerma, en el reinado de Felipe III, que alcanzó grandes cotas de poder lo que le permitió aumentar su riqueza e influencia de su familia. El Conde-Duque de Olivares, durante el reinado de Felipe IV, gran estadista, intentó con bastante poco éxito una serie de reformas. Con Carlos II, se continua esta práctica en general con un aumento de sensación de desgobierno y constantes luchas por el poder, entre sus validos destacaron el jesuita Nithard y su hermanastro Juan José de Austria.
Durante el reinado de Felipe III, en 1609, se produce la expulsión de los moriscos, que se les acusaba de continuar con sus costumbres y religión y de colaborar con la piratería turca y bereber del Mediterráneo, provocando un importante despliegue militar en las zonas afectadas, sobre todo Cataluña, Aragón y Valencia.
Durante el reinado de Felipe IV, el Conde Duque pretendió una serie de reformas económicas, políticas y militares, la Unión de Armas, una reforma que chocaba con la autonomía de los distintos reinos (en realidad se pretendía imponer el modelo castellano en todos los territorios) que provocaron numerosos problemas: motines contra los nuevos impuestos, oposición de las Cortes y rebeliones en Cataluña y Portugal en 1640, en Andalucía en 1641 y Aragón en 1648.
Cuando en las Cortes de 1626 Olivares expuso la Unión de Armas, para implicar a todos los reinos por igual en los esfuerzos bélicos, provocó una reacción negativa en casi toda la Corona de Aragón. Finalmente valencianos y aragoneses aceptaron sus planes, pero los catalanes no. Al poco tiempo España entró en guerra con Francia y Cataluña se convirtió en frente militar, de esta guerra. Las tensiones creadas entre las tropas reales y la población, así como las dificultades planteadas por los catalanes a la participación en la contienda, irritaron al valido y al rey. Esta tensión propició una revuelta campesina. En Barcelona el 7 de junio de 1640 tuvo lugar el ¨Corpus de Sang¨, altercado entre segadores y funcionarios reales, el virrey fue asesinado y la Generalitat convirtió la revuelta en una revolución política pidiendo ayuda a Francia e independizándose de la corona española. Finalmente Cataluña se rindió en 1652 a las tropas reales.
       También Portugal se resistió a la Unión de Armas. Aprovechando el conflicto con Cataluña, los portugueses nombraron rey al duque de Braganza (Juan IV), los intentos para evitar esta situación por parte de España fracasaron, reconociendo la independencia de Portugal en 1668.

 3.7. La guerra de los Treinta Años y la pérdida de la hegemonía española en Europa.
      Este puede considerarse como el periodo de decadencia y pérdida de la hegemonía española en Europa.  Con Felipe III la política hacia Europa, ante los problemas de la Hacienda, fue “pacifista”. Se firmó la “tregua de los doce años” con los Países Bajos, (Pax hispánica).
      Con Felipe IV se intervino activamente en Europa. En la Guerra de los 30 años (1618-1648) se enfrentaron España y Austria en defensa del catolicismo, frente a la de los países protestantes del Norte y Francia, que quería reducir el poder de los austrias. En la guerra con los Países Bajos, al principio, se logró alguna victoria (Breda), pero la falta de recursos hizo que los holandeses pasaran a la ofensiva. En 1635 Francia entra en la guerra contra España. Con la Paz de Westfalia (1648) termina la Guerra de los 30 años, lo que supuso el principio del fin de la hegemonía española y Francia se afirma como la potencia hegemónica. La guerra entre Francia y España continuó hasta 1659, firmándose  la Paz de los Pirineos, en la que España pierde el Rosellón y parte de la Cerdaña y cede el paso libre de las mercancías francesas en el territorio español. Además se acordaba la boda entre la infanta Mª Teresa con Luis XIV. Sucesivos enfrentamientos en la época de Carlos II no harán más que agravar la situación.

3.8. Principales factores de la crisis demográfica y económica del siglo XVII y sus consecuencias.
Este siglo se caracteriza  por  la recesión demográfica en toda Europa,  en España en concreto aumentó  la mortalidad, debido a las guerras, las epidemias y descendió  la natalidad, además influyó en el descenso de población la emigración a América y la expulsión de los moriscos .
En la economía, la agricultura se vió muy afectada por el descenso de la población, por el empeoramiento del clima y el deterioro de los sistemas de cultivo debido a la expulsión de los moriscos. En la ganadería siguen los privilegios de la Mesta, pero las cabezas de ganado descienden y la lana castellana está siendo desplazada en los mercados europeos. La crisis también afectó a la actividad artesanal y comercial. Las bancarrotas del Estado fueron frecuentes.
Ante la decadencia española aparecieron numerosos escritos en los que se proponían medidas para atajarlas. A los autores de esas obras se les denomina ¨arbitristas ¨.
La situación económica, demográfica y fiscal afectó a los grupos sociales de forma diferente. A las clases poderosas les afectó  menos la crisis demográfica. Aumentó el clero, la burguesía comercial disminuye y deja de invertir en actividades productivas. Las clases inferiores son las más afectadas por las crisis demográficas, disminuyendo su nivel de vida. Los mendigos proliferan por todas partes, aumentando también la delincuencia. La conclusión es que aumentan las diferencias sociales y el número de las clases no productivas.

3.9. Crisis y decadencia de la Monarquía Hispánica: el reinado de Carlos II y el problema sucesorio.
A Felipe IV le sustituyó su hijo Carlos II que, al no tener descendencia, marcó la política exterior española de finales del siglo XVII. La ineptitud y debilidad física del nuevo monarca dibujaba un panorama bastante sombrío, se sucedieron los validos ( el padre Nithard, Valenzuela y su hermanastro Juan José de Austria), en un clima de intrigas y sensación de desgobierno.
  Durante su reinado tuvieron lugar  varias guerras contra Francia. Los ejércitos franceses ocuparon parte de Cataluña e incluso se apoderaron de Barcelona en 1697. Los años últimos del reinado de Carlos II estuvieron marcados por la locura del monarca, producto de las presiones políticas y las intrigas palaciegas, y por el problema sucesorio, como consecuencia de la inexistencia de hijos, lo que avivó la lucha por hacerse con el trono y su herencia. En un principio, el candidato designado era José Fernando Maximiliano, hijo del elector de Baviera, pero éste falleció en 1699, y volvió a presentarse el problema de elegir entre el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo y biznieto de Felipe III, y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y biznieto de Felipe IV. Esto provocó una contienda por la sucesión al trono español en la que intervinieron las principales potencias europeas. Su muerte, el 1 de noviembre de 1700, desencadenó la Guerra de Sucesión (1700-1713) al trono español, que se convirtió en un importante conflicto internacional por la hegemonía política en Europa.

BLOQUE 4. España en la órbita francesa: el reformismo de los primeros Borbones (1700-1788)

4.1. La Guerra de Sucesión Española y el sistema de Utrecht. Los Pactos de Familia.
En 1700 Carlos II muere sin descendencia, dejando como heredero de la corona española a Felipe de Anjou (sobrino nieto suyo y nieto del rey de Francia), ante el peligro de unión de ambas reinos, Inglaterra, Austria, Dinamarca y los Países Bajos, forman la Gran Alianza de la Haya, declaran la guerra a Francia y España y apoyan al Archiduque Carlos de Austria, pretendiente a la corona española. Este conflicto internacional también fue contienda civil, dentro de la Península, entre los partidarios de uno u otro candidato.  Al principio la guerra fue favorable a los aliados, para después decantarse hacia el bando del que sería Felipe V, sobre todo tras la victoria de éste primero en Almansa y luego en Brihuega y Villaviciosa . También influyó en el desenlace del conflicto el hecho de que Carlos fuese nombrado emperador de Austria perdiendo el apoyo inglés y holandés. Este cambio se  manifestó en la Paz de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), con ellas se establece el nuevo mapa político europeo. España sería la gran perdedora e Inglaterra y Austria la beneficiarias, Inglaterra consiguió Terranova, Gibraltar, Menorca y parte del comercio colonial español, Austria la mayor parte de los territorios europeos que le quedaban a España en Europa. A los Borbones, de España, se les permite ceñir la corona española pero renunciando a la francesa.  En el interior, las consecuencias fueron importantes,  Aragón y Cataluña, que apoyaron al Archiduque, en la guerra, en represalia perdieron sus fueros.  Con la victoria de Felipe V triunfó el absolutismo centralista y uniformista.
        Felipe V  intentó recuperar los territorios mediterráneos perdidos por la Paz de Utrecht. Se firmaron los dos primeros Pactos de Familia con los Borbones franceses, para contrarrestar la superioridad de la flota inglesa. Con Fernando VI, debido a los fracasos de los Pactos de Familia, se propició una política más neutral para centrarse en el interior y en las relaciones con América.  Con Carlos III, el deseo de frenar el expansionismo inglés en América hizo firmar el tercer Pacto de Familia que terminó mal para España: perdió territorios en América y concedió importantes privilegios comerciales a Inglaterra.  España se resarce apoyando (con Francia) la independencia de las colonias americanas. Cuando parecía que el Tercer Pacto de Familia empezaba a funcionar, se inicia la Revolución Francesa.

4.2. La nueva Monarquía Borbónica. Los Decretos de Nueva Planta. Modelo de Estado y alcance de las reformas.
La victoria de Felipe V en la guerra de Sucesión supuso el triunfo del absolutismo de carácter centralista y uniformista. Se inició una nueva forma de entender el Estado, su organización interna y su política exterior. En los reinos que habían resultado derrotados en la guerra (Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca) se estableció una nueva organización de la monarquía. La abolición de los fueros en cada uno de ellos fue seguida del desmantelamiento de sus instituciones y de la implantación de una monarquía absoluta muy centralizada, que seguía la tendencia marcada por Luis XIV en Francia. Se consideraba que la mejor manera de gobernar los reinos era con unas mismas leyes y con unas instituciones parecidas que fuesen totalmente dependientes de la Corona.
Esta nueva forma de gobierno se articuló mediante los denominados Decretos de Nueva Planta. Las zonas sometidas a estos decretos siguieron, en general, el modelo de las instituciones castellanas, con alguna influencia francesa. Aunque en los territorios vascos y navarros leales a Felipe en la guerra conservaron sus fueros.
El objetivo principal fue reforzar el poder real. Para ello era necesario reformar las instituciones, intervenir en la economía y controlar el poder de la Iglesia. Los Borbones intentan impulsar el absolutismo monárquico, intentando eliminar las restricciones al poder del rey, aunque en la práctica se encontrarán con las limitaciones que impone la sociedad estamental del Antiguo Régimen.
 Los intendentes, figura de origen francés, se crearon para controlar los impuestos. En relación con estos se creó un sistema de contribución única, basado en la recaudación de una cantidad fija por cada reino, lo que modernizó la economía al dotarla de cierta estabilidad. Las tendencias uniformadoras se aplicaron también mediante la obligación del uso de castellano en la nueva administración.
        Se crean las Secretarías de Estado, antecedentes de los posteriores ministerios. A nivel administrativo, el territorio queda dividido en  provincias.
        Las relaciones de la monarquía borbónica con la Iglesia estuvo marcada por el regalismo, es decir el control del rey a la Iglesia, así el rey tendrá derecho a nombrar a cargos eclesiásticos, en esta política se enmarca la expulsión de los jesuitas o la pérdida de poder de la Inquisición.

4.3. La España del siglo XVIII. Expansión y transformaciones económicas: agricultura, industria y comercio con América. Causas del despegue económico de Cataluña.
Los ilustrados eran partidarios de modernizar las estructuras de la propiedad y de fomentar el crecimiento de la producción agraria. El peligro de los amotinamientos por el hambre les convenció de la necesidad de una rápida reforma agraria. Olavide, Floridablanca y Jovellanos consideraban un gran problema las enormes propiedades acumuladas por la nobleza y la Iglesia, a las que responsabilizaban del retraso del campo. Pero pronto encontraron la oposición de la tradición y de los propietarios que obstaculizaron estos cambios.
Desde la llegada de los borbones se abordó una profunda mejora de las comunicaciones cuyo fin era prioritario para posibilitar la formación de un mercado nacional, Carlos III y su ministro Esquilache emprendieron un plan de carreteras en general frustrado por la inestabilidad política y el coste de las obras. En cuanto a las comunicaciones marítimas se impulsó un importante desarrollo naviero.
En relación con la industria ya en tiempos de Felipe V se fundaron las Reales Fábricas con el fin de proporcionar productos de calidad para los palacios reales y clientelas ricas y contribuir al fomento de la industria, además la Corona rompió el monopolio que tenían los gremios, que impedían la libertad del trabajo y paralizaban la industria. Así, en la periferia vasca, catalana, valenciana y gallega, la iniciativa privada arraigó con fuerza, bajo la dirección de la burguesía comercial. En Cataluña mediante los capitales generados en el campo y los privilegios reales, comienza una transformación de su artesanía textil, con la introducción del algodón, más apreciado que la lana por los consumidores.
Otra medida de gran repercusión fue la de poner fin, en 1765, al monopolio de Cádiz en los intercambios comerciales con América. La libertad comercial impulsó a las regiones periféricas, que promovieron variadas industrias con el fin de satisfacer la demanda de América.
La creación de un mercado nacional, protegido por medidas proteccionistas, así como el fin del monopolio del comercio benefició sobre todo a Cataluña, que consiguió conquistar el mercado interior y que sus famosas indianas (telas) entrasen en América directamente desde el puerto de Barcelona, de esta manera la burguesía catalana lograría reunir los capitales necesarios para abordar con éxito la Revolución Industrial en la centuria siguiente.

4.4. Ideas fundamentales de la Ilustración. El despotismo ilustrado: Carlos III.
La Ilustración es un movimiento intelectual que se origina en Europa en el siglo XVIII por el que se concibe prioridad  a la razón y al conocimiento científico. La influencia de estas ideas entre los monarcas absolutos de Europa da lugar al despotismo ilustrado que se resume en la frase “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. 
A partir de auténticos precursores de la modernidad, como Feijoo, Jovellanos, Olavide y Campomanes, en permanente conflicto con la Iglesia y la Inquisición, los ilustrados españoles se pusieron a la tarea de renovar el panorama cultural español, adoptando la crítica y la razón para combatir la decadencia. Una nueva era se iniciaba sobre los cimientos de la utilidad, la prosperidad y la felicidad, solo al alcance de quienes tuvieran un gobierno adecuado y una educación moderna.
Nada quedó libre del deseo reformador de los ilustrados, la estrategia  pasaba por reformar  la organización del Estado para actuar con mayor eficacia en la sociedad. Reformar la vida económica, la vida cultural y científica y así superar el atraso tradicional. Se fomentó la agricultura, las manufacturas con la creación de las Reales Fábricas (tapices, porcelanas cristales), se favorecieron talleres privados libres de las restricciones gremiales, se fomentó el comercio, con la supresión de aduanas internas y liberalizando el comercio con América, se revalorizó el trabajo dignificándolo incluso para la nobleza, se reformó la Hacienda, se creo el Banco de San Carlos. Se hizo una reforma educativa extendiendo la enseñanza primaria y promoviendo ciencias útiles como las Matemáticas, la Química o las Ciencias Naturales. La creación de las Sociedades de amigos del país y de Academias dedicadas al estudio de las carencias del país están englobadas en esa preocupación.
La plenitud de la Ilustración se produjo durante el reinado de Carlos III. Un ejemplo fue la política del Marqués de Esquilache, ministro italiano de Carlos III cuyas reformas provocaron el rechazo de la nobleza, el clero y el pueblo que culminó con el Motín de marzo de 1766 que obligó al rey a destituirle. Las investigaciones en torno al motín responsabilizaban a los jesuitas, cuya riqueza y control de la educación suscitaban recelo entre los gobiernos ilustrados, que consideraban su  reconocimiento único como autoridad la del Papa como una infidelidad al Estado, así Carlos III, decidió expulsarlos en 1767, confirmando la intención de la Corona de imponerse frente a cualquier poder. Esta teoría que defendía el control y sometimiento al Estado de la Iglesia se denomina regalismo.