TAREAS PREPARACIÓN EXAMEN EVALUACIÓN

UNIDAD 7

1. Explica las razones profundas del inicio de la 2ª Guerra Mundial y describe los pasos de los países fascistas dan hacia la Guerra y la política de apaciguamiento de las potencias europeas.
-Cita las causas profundas que están detrás de la 2ª Guerra Mundial.
-Cita los hechos que configuran la creación de una política de alianzas entre Italia, Japón y Alemania, ¿puedes decir qué tienen en común estos estados?.
-Define con brevedad el término política de apaciguamiento.
-Cita cuál es el detonante del comienzo de la 2ª Guerra Mundial. Explica las relaciones de Alemania y la URSS en ese momento.

2. Explica el colaboracionismo y la resistencia durante la guerra.


- En el contexto de la 2ª Guerra Mundial, explica brevemente (tres líneas),los términos colaboracionismo, resistencia y maquis.

3.Describe la política antisemita nazi.
-Define el término Holocausto o la Shoa.
-Calcula el total de judíos exterminados durante el periodo entre 1939 y 1945.
-Define los siguientes términos Leyes de Núrenberg, “noche de los cristales rotos”, guetos, Solución Final y encuádralos dentro de alguna de las fases en que se desarrolla la política antisemita nazi.


4. Explica cómo se organiza la paz para después de la 2ª Guerra Mundial. Describe la creación de la ONU, cuáles son los objetivos que se plantea esta organización y cómo se organiza.
-Cita las conferencias celebradas antes y después de la 2ª Guerra Mundial para organizar el mundo. Explica los compromisos alcanzados en las dos primeras.
-Observa los cambios territoriales acordados, Mapa página 187, ¿cuáles te parecen más significativos?.
-Explica qué es la ONU, cita los objetivos que se propone, los organismos más importantes y describe sus rasgos.

5. Describe las principales consecuencias de la 2ª Guerra Mundial.
-Realiza un resumen de las consecuencias de la 2ª Guerra Mundial.

RESÚMENES BLOQUE 10


10.1 La proclamación de la Segunda República. La Constitución de 1931. El bienio reformista (1931-1933)
INTRODUCCIÓN
El 14 de abril de 1931, Alfonso XIII abandonó el país y se proclamó la Segunda República. El 18 de julio de 1936 se inició una rebelión militar contra la República que desencadenó una Guerra Civil, que acabó con la derrota de las ideas y objetivos republicanos. La Segunda República constituyó el primer intento de modernización del país en la historia contemporánea española.
El proceso político pasó por tres fases: el Bienio Reformista (1931-33), el Bienio Conservador (1933-36) y el período del Frente Popular, iniciado en febrero de 1936 debido a la victoria electoral de la izquierda. Aunque la 2ª República no finalizó hasta 1939, la guerra la afectó de raíz al dividir España entre los que apoyaban la insurrección y los que permanecieron fieles a la República.

EL FIN DE LA MONARQUÍA Y LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA
Ante la falta de apoyos políticos, el Rey pidió la dimisión a Primo de Rivera en 1930, poniendo fin al directorio militar. Alfonso XII nombró jefe de gobierno al general Berenguer, intentando volver al régimen anterior. Aunque los partidos dinásticos estaban desprestigiados y la situación económica cada vez era más crítica.
En agosto de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián, apoyado por republicanos, nacionalistas y el PSOE. Se creó un Comité Revolucionario presidido por Alcalá-Zamora para preparar la proclamación de la república. La CNT no se unió al pacto, aunque respaldó la conspiración.
Tras el fracaso del pronunciamiento de Jaca, primer intento, para proclamar la república y la detención de varios de los miembros del Comité Revolucionario, el nuevo jefe de Gobierno, el almirante Aznar, convocó elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Estas elecciones fueron presentadas como un plebiscito sobre la monarquía por los partidarios de la república. Los resultados electorales dieron en la mayoría de las ciudades el triunfo a las candidaturas republicanas. El 14 de abril se proclamaba la Segunda República y el Rey se exiliaba a Italia.

BIENIO REFORMISTA
a)       El gobierno provisional, la Constitución de 1931.
 Tras la proclamación de la República se crea un gobierno provisional, presidido por Alcalá-Zamora que convocó elecciones a Cortes constituyentes a la vez que planteaba una serie de reformas.
En relación al ejército, el gobierno, ofreció a los altos mandos una jubilación anticipada manteniendo el sueldo íntegro, consiguiendo reducir el número excesivo de comandantes, además de ofrecer una salida a aquellos que no quisieran continuar en el ejército bajo bandera republicana. Manuel Azaña, ministro de guerra, clausuró la Academia Militar de Zaragoza y anuló los ascensos por elección o méritos de guerra obtenidos durante la dictadura, provocando el malestar entre los militares. También creó la Guardia de Asalto, cuerpo de policía moderno, fiel a la República.
Las relaciones con la Iglesia también fueron difíciles, aunque el Vaticano había pedido a sus obispos respeto a la nueva situación política dos hechos fueron motivo de gran tensión, en primer lugar los elogios del cardenal Segura, arzobispo de Toledo hacia el rey, disgustó al gobierno que pidió su destitución. Más graves fueron la quema de conventos en Madrid, Sevilla y Málaga por grupos incontrolados, ante la pasividad de las fuerzas de orden público. Muchos católicos vieron el régimen republicano como un sistema contrario a sus convicciones.
En el terreno de la educación se crearon 6750 escuelas y 7000 plazas de maestros, a los que se les incrementó el sueldo. Además, se creó una red de bibliotecas.
El Gobierno también actuó a favor de la jornada de ocho horas de trabajo en el campo. Además, los propietarios rurales debían tener sus tierras cultivadas porque de lo contrario pasarían a ser usufructuadas por jornaleros.
Las elecciones del 28/06/31, las más transparentes celebradas hasta el momento, dieron el triunfo a las fuerzas de centro-izquierda.
Las nuevas Cortes redactaron una constitución, aprobada el 9 de diciembre. Ésta reflejaba los valores laicos e izquierdistas de la mayoría en las Cortes:  la soberanía popular, una sola Cámara, un Estado aconfesional, derechos individuales y la posibilidad de autonomía de las regiones.
La Constitución prohibía el ejercicio de la enseñanza a las órdenes religiosas y disolvía a la Compañía de Jesús. Este anticlericalismo constitucional se explica porque el republicanismo izquierdista atribuía el retraso de la sociedad a la Iglesia.  La Constitución definía el Estado ¨como una República de trabajadores de todas clases que vivían en un régimen de libertad y justicia ¨, el Estado era único, pero reconocía la autonomía de las regiones y se implantó el sufragio universal, que incluía por primera vez el voto de las mujeres.
b)       El gobierno constitucional
Alcalá-Zamora, elegido presidente de la República, encargó a Azaña la formación de Gobierno, quien continuó con las reformas emprendidas.
La Ley de Reforma Agraria hizo que muchas hectáreas de tierras quedaran en manos del Estado, aunque la distribución fue lenta y no se generaron tantos propietarios como los previstos, explicando la decepción de los campesinos. Además, los propietarios, estaban alarmados, considerando que era una ley revolucionaria.
La República se vio conmocionada por la agitación en el campo andaluz (con los intentos de asaltos de tierras instigados por comunistas y anarquistas) y por el intento de golpe de Estado monárquico del general Sanjurjo.
De acuerdo a la Constitución, comenzó en algunas regiones la elaboración de los estatutos de autonomía, con la oposición de las fuerzas más conservadoras.
-Para Cataluña, las Cortes, tras grandes discusiones, aprobaron el Estatuto en 1932, gracias a la intervención de Azaña en su defensa. En él se reflejaba que el Estado seguía controlando la enseñanza y podía suspender el Estatuto, además de reservarse las competencias de defensa o de asuntos exteriores. Sin embargo, recogía competencias legislativas, en justicia y orden público. Tras la victoria en las elecciones parlamentarias de la coalición encabezada por ERC, Macià fue elegido presidente de la Generalitat.
-En el cuanto al País Vasco y Navarra, el PNV había aceptado la República a cambio de la autonomía política, pero no se logró un acuerdo para aprobar un estatuto de autonomía. La victoria electoral de la derecha en 1933 paralizó el proyecto de autonomía vasco, retomado con la victoria del Frente Popular en el 36, dejando a Navarra fuera del Estatuto.  José A. de Aguirre fue el primer lendakari.
-En Galicia, la redacción del Estatuto comenzó en 1932 impulsado por la ORGA de Casares Quiroga. El Estatuto no se aprobó hasta el referéndum de 1936.
El gobierno de Azaña cayó en septiembre del 33 con motivo de los hechos de Casas Viejas (Cádiz), y de su incompatibilidad con el presidente de la República, Alcalá Zamora. En Casas Viejas, un alzamiento campesino asaltó el cuartel de la Guardia Civil, matando a varios guardias. Con la llegada de refuerzos los campesinos se refugiaron en una cabaña que fue incendiada por las guardias de asalto, matando a todos los ocupantes, incluidas mujeres y niños y se fusiló a catorce detenidos. Azaña, mal informado, defendió la actuación de las fuerzas del orden. Cuando se supo la verdad, distintos grupos políticos pidieron su dimisión y otros le dejaron de apoyar. 
Ante las dificultades para formar nuevo Gobierno, Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones.




10.2. El gobierno radical cedista (1933-1935). La Revolución de Asturias. El Frente Popular, las elecciones de 1936 y el nuevo gobierno
INTRODUCCIÓN
El 14 de abril de 1931, Alfonso XIII abandonó el país y se proclamó la Segunda República. El 18 de julio de 1936 se inició una rebelión militar contra la República que desencadenó una Guerra Civil, que acabó con la derrota de las ideas y objetivos republicanos. La Segunda República constituyó el primer intento de modernización del país en la historia contemporánea española.
El proceso político pasó por tres fases: el Bienio Reformista (1931-33), el Bienio Conservador (1933-36) y el período del Frente Popular, iniciado en febrero de 1936 debido a la victoria electoral de la izquierda. Aunque la 2ª República no finalizó hasta 1939, la guerra la afectó de raíz al dividir España entre los que apoyaban la insurrección y los que permanecieron fieles a la República.

EL BIENIO RADICAL CEDISTA Y LA REVOLUCIÓN DEL 34
Durante el Bienio Reformista, la derecha española se reorganizó en dos grupos; el que se oponía abiertamente  a la República (monárquicos, carlistas y grupúsculos fascistas, en 1933 nacía Falange Española, FE, fundada por José Antonio Primo de Rivera ), y el que la aceptaba para transformarla en sentido conservador y no se pronunciaba con claridad sobre la forma de Estado; aquí destacaba la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), creada en 1933, alrededor del partido de influencia católica Acción Popular. Su dirigente más destacado era Gil-Robles.
El gobierno de Azaña cayó en septiembre de 1933, debido en gran parte a lo sucedido en Casas Viejas. Ante las dificultades para formar un nuevo gobierno, Alcalá Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones.
La campaña electoral vislumbró la división de la sociedad española. Los socialistas presentaban a Gil-Robles como fascista y anunciaban una revolución social en el caso de que ganara la derecha. Ésta censuraba la obra revolucionaria de los socialistas y los azañistas y presentaba un programa que incluía: la revisión de la Constitución en sus puntos laicos y progresistas, la supresión de la reforma agraria y la amnistía para delitos políticos, pensando en el general Sanjurjo.
Las elecciones del 33 fueron favorables a la derecha y al centro. El presidente de la República encargó la formación de Gobierno a Lerroux, líder del Partido Radical. En una primera fase, la CEDA, partido con mejor resultado electoral apoyó al nuevo ejecutivo, aunque no formó parte de él.
Pocos meses después de las elecciones, sectores del PSOE y UGT prepararon una insurrección, El contexto histórico explicaba esta revolución (el ascenso de Hitler al poder en Alemania). Sin embargo, el motivo fue la entrada de miembros de la CEDA en el Gobierno. Los izquierdistas identificaban a la CEDA con el fascismo. Temiendo que Gil-Robles diera un golpe de Estado desde el gobierno, la UGT hizo un llamamiento a la huelga general, al que la CNT no se unió (excepto en Asturias). La insurrección solo triunfó en Asturias durante dos semanas, aunque al final fue reprimida por el ejército de África. Los otros focos de la huelga también fueron sofocados por el ejército. La insurrección fracasó y los dirigentes obreros fueron detenidos o tuvieron que exiliarse.
La Revolución de Octubre de 1934 tuvo eco en Madrid, donde hubo luchas en los barrios obreros, y en Cataluña, donde el presidente de la Generalitat proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La falta de apoyo de los anarcosindicalistas y del catalanismo conservador hizo fracasar el levantamiento. La política represiva aplicada por el Gobierno supuso, en Cataluña, la detención del presidente de la Generalitat y la supresión del régimen autonómico.
Después de la crisis de octubre, los gobiernos de centroderecha quedaron políticamente erosionados. La represión, los juicios a los miles de detenidos, las prohibiciones de la prensa socialista y comunista despertaron las simpatías de la población hacia los presos y los perseguidos políticos. Además las actuaciones del Gobierno durante 1935 fueron muy impopulares: La Ley Agraria (que suprimía la Reforma Agraria), el bloqueo del Estatuto de Autonomía vasco o los nombramientos para altos cargos en el ejército de militares no partidarios de la democracia.
Ante esta situación, Lerroux se vio obligado a dimitir como consecuencia del escándalo de corrupción del estraperlo en 1935. Ante la imposibilidad de formar un gobierno estable, el presidente de la República convocó elecciones en febrero de 1936.
LAS ELECIONES DEL 36 Y EL TRIUNFO DEL FRENTE POPULAR
Las elecciones dividieron en dos a la opinión pública española; presentándose la izquierda unida en una coalición que reunía desde los republicanos de Azaña a los comunistas llamada Frente Popular, mientras que la derecha no lo logró.
El Frente Popular consiguió el 34% de los votos y el centro-derecha el 33%, pero el sistema electoral otorgó mayoría absoluta en el Congreso al Frente Popular.
 Ya desde principios de marzo de 1936, algunos generales empezaron a preparar un alzamiento militar contra la República, que se llevaría a cabo en julio.
Después de las elecciones, Alcalá-Zamora encargó la formación de Gobierno a Manuel Azaña, quien empezó a aplicar el programa del Frente Popular. Éste se asentaba en cuatro ejes principales: la continuación de la reforma agraria, la intensificación del desarrollo de la política educativa, la amnistía de los presos políticos y el restablecimiento de la Generalitat, al tiempo que daba un impulso definitivo a los Estatutos de Autonomía vasco y gallego.
En abril, Alcalá-Zamora fue destituido de la presidencia de la República y en su lugar fue elegido Azaña. La presidencia del Gobierno la asumió el nacionalista gallego Casares Quiroga. Aunque ni Azaña ni él pudieron evitar el deterioro del orden público, del que solo se salvaron, en parte, Cataluña y el País Vasco.
El desorden público se manifestó con la violencia en el campo, con huelgas y ocupaciones de tierras, el auge de la conflictividad social en las ciudades, los ataques a edificios eclesiásticos y quema de conventos y los atentados protagonizados por los extremos del arco ideológico: por un lado, monárquicos y falangistas, y por otro, comunistas y anarquistas. Los más significativos fueron los que costaron la vida al teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo, perpetrado por unos falangistas y el asesinato del líder de Renovación Española José Calvo Sotelo realizado por unos guardias de asalto como respuesta al crimen anterior. 





10.3. La Guerra Civil: la sublevación militar y el estallido de la guerra. La dimensión internacional del conflicto.
INTRODUCCIÓN
El miedo a una revolución que proponían algunos sindicatos y ciertos partidos de izquierda fue un motivo importante que explica la insurrección militar de Julio de 1936. Los militares pensaban que el pueblo español corría el riesgo de una revolución que convertiría a España  en un satélite de la URSS, pero objetivamente, viendo la situación política,  parece improbable que España pudiera convertirse en un Estado bajo una dictadura comunista. Así, la conspiración militar obedecía a otros motivos más profundos como la resistencia a los cambios reformistas y a la descentralización autonómica que había propuesto la República.
SUBLEVACIÓN MILITAR Y EL ESTALLIDO DE LA GUERRA
Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones, Alcalá-Zamora encargó la formación de Gobierno a Azaña, quien empezó a aplicar el programa del Frente Popular basado en la continuación de la reforma agraria, la intensificación del desarrollo de la política educativa, la amnistía de los presos políticos y el restablecimiento de la Generalitat, dando, además, un impulso definitivo a los Estatutos de Autonomía vasco y gallego.
En abril, Alcalá-Zamora fue destituido de la presidencia de la República y en su lugar fue elegido Azaña. La presidencia del Gobierno la asumió el nacionalista gallego Casares Quiroga. Aunque ni Azaña ni él pudieron evitar el deterioro del orden público, del que solo se salvaron Cataluña y el País Vasco. El desorden público se manifestó con la violencia en el campo; con huelgas y ocupación de tierras, en las ciudades; con el auge de la conflictividad social y los ataques a edificios eclesiásticos y quema de conventos y los atentados protagonizados por los extremos del arco ideológico. José del Castillo, del cuerpo de la Guardia de Asalto, fue asesinado por falangistas. En represalia,  miembros de este cuerpo armado cometieron el atentado contra Calvo Sotelo, dirigente de Renovación Española
El Gobierno de la República era consciente de que una parte del ejército estaba en contra del régimen. El golpe de Estado fracasado del general Sanjurjo, años antes fue un ejemplo de ello. Por eso situó como jefes de las capitanías generales más importantes  a militares de probada fidelidad republicana, mientras que los militares menos adictos al régimen fueron enviados a capitanías poco importantes, como Franco, a Canarias, o Mola a Pamplona, donde nadie esperaba que se entendiese con los carlistas navarros.
A primeros de marzo empezaron a tramarse varias conspiraciones por parte de grupos de generales y políticos tradicionalistas, falangistas y del partido Renovación Española. Fue en abril cuando el general Mola  preparó una red golpista más consistente, ganando la confianza de todos los movimientos antirrepublicanos. Previsto para finales de Julio, el golpe de Estado se adelantó al día 18 del mismo mes, en parte por el impacto emocional que causó entre los conspiradores el asesinato de Calvo Sotelo.
La sublevación militar se inició en Melilla el día 17, a donde poco después volaba Franco para ponerse al frente del ejército de África, al día siguiente en Sevilla se alzó el general Queipo de Llano, finalmente el general Mola y otros jefes militares, la misma noche del 18, declararon el estado de guerra en el resto de España.
Inicialmente, la insurrección no tuvo éxito en todas partes y el país quedó dividido. Los rebeldes habían triunfado en la España rural (Castilla, Aragón, Galicia, Navarra, norte de Extremadura,  Andalucía occidental y los territorios no peninsulares) mientras que el resto del país se mantuvo fiel a la República, que conservaba las ciudades más importantes y zonas industriales. La Armada, fiel a la República, frenó el paso a las tropas africanas en el estrecho de Gibraltar. 
En la zona leal a la República se crearon numerosos comités locales y provinciales para frenar el golpe y organizar la administración de los ayuntamientos e instituciones. Durante los primeros días del golpe, esenciales para sofocarlo, el Gobierno tuvo tres presidentes: Casares Quiroga, Martínez Barrio y José Giral. El poder popular consiguió durante los primeros meses desplazar en las decisiones a los políticos. Se cometieron numerosos abusos y asesinatos, sobre todo de miembros del clero.
En la zona insurrecta, los generales rebeldes fueron sustituyendo, mediante la violencia extrema, a todos los altos cargos de las diferentes instituciones. Personajes relacionados con los sindicatos y de los partidos del Frente Popular fueron ejecutados. La insurrección había dejado a España dividida, comenzaba una larga Guerra Civil.
DIMENSIÓN INTERNACIONAL
Para muchos historiadores, la Guerra Civil fue un capítulo precedente de la 2ª Guerra Mundial. A comienzos de la guerra en la Sociedad de Naciones se constituyó un Comité Internacional de No Intervención, que resultó absolutamente ineficaz para evitar la presencia internacional en la guerra.
En el aspecto militar, la participación en ambos bandos fue importante y en el bando franquista decisiva en los primeros días de la guerra, por ejemplo, con el paso del Estrecho por parte del ejército de África. En ambos ejércitos, los combatientes extranjeros contribuyeron a reforzar su proceso de organización y consolidación. Con la importante diferencia de que, mientras en el bando franquista los combatientes marroquíes, italianos y alemanes constituían unidades regulares de sus ejércitos, en el bando republicano la masa de voluntarios se enroló individualmente o en pequeños grupos, con la excepción de los pilotos y tanquistas rusos.
Alemania, Italia y Portugal apoyaron con unidades militares, recursos y financiación al ejército franquista. Por parte de Alemania, la Legión Cóndor, formada por soldados y oficiales muy cualificados y con armamento de nuevo tipo, prestó una gran ayuda a Franco. Su marina hostigó sistemáticamente las costas leales y colaboró activamente en algunas ofensivas, como la ocupación de Málaga en febrero de 1937. La Italia fascista apoyó desde el primer momento con el envió de aviones para facilitar el paso del estrecho de Gibraltar y envió el llamado Cuerpo de Tropas Voluntarias, que llegó a integrar más de 80000 soldados regulares. Otras unidades menores fueron remitidas por Portugal (Legión Viriato) y alguna unidad de voluntarios irlandeses.
La República contó con el apoyo de un voluntariado internacional que alcanzó cerca de 50000 combatientes, las Brigadas Internacionales. Pero tuvo grandes dificultades para adquirir suministros militares debido a la política de no intervención de las democracias occidentales y al cierre de fronteras. Financió esos recursos mediante riguroso pago a Francia y Rusia con divisas y reservas de oro del Banco de España. En congruencia con su estrategia político militar, el Gobierno republicano propuso en la Sociedad de Naciones la retirada de combatientes extranjeros de ambos bandos en septiembre de 1938. En noviembre de ese mismo año, las Brigadas Internacionales abandonaron España.







10.4. Fases militares de la Guerra Civil. La evolución política y económica en las dos zonas. Consecuencias económicas y sociales de la guerra. Los costes humanos.
INTRODUCCIÓN
La Guerra Civil dividió a la sociedad española en dos bandos irreconciliables como consecuencia del fracaso parcial de la insurrección militar iniciada el 17/07/36 contra el Gobierno de la República.
En la zona insurrecta se instauró un régimen político inspirado en los fascismos europeos de la época, en contra de todos los ideales republicanos. Mientras que en la zona republicana se mantuvo, con dificultad, la legalidad democrática. Las consecuencias de la guerra fueron muy traumáticas.
FASES MILITARES DE LA GUERRA
a)        Primeros meses de la guerra (julio-diciembre 1936)
El primer objetivo de los insurrectos era Madrid. Pese a que el general Mola enviara allí columnas desde Pamplona y que Franco consiguiera cruzar el Estrecho, con la ayuda de Mussolini, fueron detenidos al llegar a Madrid. No obstante, el Gobierno de la República se desplazó a Valencia, por motivos de seguridad. Los insurrectos ya habían ocupado gran parte de Andalucía, Extremadura  a pesar de la defensa encarnizada que opusieron los republicanos en Badajoz), Irún, San Sebastián y Oviedo.
Las milicias catalanas preparadas se dirigieron hacia el frente de Aragón pero fueron frenadas en Huesca, Zaragoza y Teruel. La falta de organización, disciplina y armamento marcaron su debilidad.
b)       De la batalla del Jarama a la batalla del Ebro (37-39)
En diciembre del 37, las tropas republicanas lanzaron una ofensiva contra Teruel, que ocuparon, aunque poco después fue recuperada por los nacionales. Poco antes, el gobierno de la República se había desplazado a Barcelona.
Durante la segunda fase de la guerra, los insurrectos intentaron de nuevo conquistar Madrid, batalla del Jarama, pero no lo consiguieron, por lo que Franco decidió centrar su ataque en lo que quedaba de Andalucía, Asturias y el País Vasco. Mola, con la colaboración de la Legión Cóndor, inició una campaña militar en el frente norte. Tras el bombardeo de Gernika, Bilbao cayó en manos de los nacionales. Finalmente toda la cornisa cantábrica, con sus recursos energéticos e industriales, quedó en manos de los franquistas.
En marzo del 38, Franco comenzó una ofensiva contra el frente de Aragón y tras varias ocupaciones, la zona republicana quedó finalmente dividida. El ejército republicano, dirigido por Vicente Rojo, preparó una ofensiva en la zona del Ebro para volver a unir el territorio. En la batalla del Ebro se produjeron muchas bajas en ambos bandos, disputándose palmo a palmo el territorio. Al final, Franco consiguió romper el frente republicano y tuvo libre acceso a Cataluña. Los republicanos ya habían perdido la posibilidad de cambiar el curso de la guerra.
c)        La rendición final
En diciembre del 38, Franco dio la orden de iniciar la ofensiva final contra Cataluña. Fueron ocupando toda Cataluña y el Gobierno republicano, catalán y vasco pasaron la frontera junto con miles de personas que huían.
En febrero del 39, Azaña dimitió como presidente de la República sin ser sustituido por nadie; no obstante, Juan Negrín, jefe de Gobierno, volvió a Valencia para dirigir la resistencia de la zona republicana. Pero ya no había nada que hacer, sobre todo después que el coronel Casado, encargado de la defensa de Madrid, diera un golpe de Estado, pretendiendo una paz negociada con los golpistas. El 28 de marzo, las tropas franquistas ocuparon Madrid. Las otras ciudades de la zona republicana se entregaron sin resistencia. La última ciudad que ocuparon los franquistas fue Alicante. El día 1 de abril de 1939, la guerra había acabado.

LA EVOLUCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA EN LAS DOS ZONAS
Tras la muerte del general Sanjurjo, la dirección del alzamiento militar la ejercía una Junta de Defensa Nacional, integrada por varios generales. Pero, en realidad, cada general ordenaba lo que quería en su zona. La necesidad de un mando único para dirigir la guerra,  llevó a los generales rebeldes a proclamar a Francisco Franco jefe del Estado y generalísimo de los ejércitos. Su primera medida fue crear una Junta Técnica del Estado. Con los decretos de las juntas militares y de la Junta Técnica pretendieron contrarrestar la obra de la República: devolver tierras a los propietarios expropiados, destituir a funcionarios republicanos, anular las reformas educativas, prohibir los sindicatos y partidos políticos, excepto la Falange y la Comunión Tradicionalista.
En abril del 37, Franco promulgó un decreto de unificación por el que creaba un partido único al estilo fascista, llamado Falange Española, Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Obviamente, Franco era el jefe indiscutible de este partido. Con esta medida, confirmaba su poder absoluto; generalísimo del ejército, jefe del Estado y del Gobierno, y jefe de este nuevo partido.
En la retaguardia republicana, tras la dimisión de José Giral, fue Largo Caballero quien asumió la presidencia del Gobierno, ante la necesidad de formar un Gobierno central de unidad y crear un ejército regular, formó un gobierno de unidad integrado por socialistas, sindicalistas, republicanos, comunistas y dos nacionalista, más adelante, se incorporaron también anarcosindicalistas.
Su Gobierno recuperó lentamente los poderes del Estado; se reanudaron las reuniones de las Cortes y se recuperaron las atribuciones gubernativas. El Partido Comunista llegó a ser el partido más influyente en el Gobierno, debido a su disciplina interna y el apoyo de la URSS Pero la marcha de la guerra provocó numerosos enfrentamientos causados por la posición de algunos comunistas, que discrepaban de las decisiones de Largo Caballero.
La crisis política de mayo del 37 en Barcelona enfrentó violentamente a los anarcosindicalistas y el POUM contra las fuerzas de orden público, la UGT y el PSUC. En estas circunstancias Azaña destituyó el Gobierno y encargó la formación de un nuevo gobierno al socialista Juan Negrín. Con el Gobierno de Negrín la influencia de los comunistas en el Gobierno y en el ejército aumentó paulatinamente. Negrín orientó su política hacia la resistencia a ultranza, confiando que el estallido de la guerra mundial favoreciera a la República.
CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO
La Guerra Civil fue el episodio más traumático del siglo XX en España. El odio entre los españoles se incrementó; los que vencieron excluyeron y persiguieron a quienes no se habían sumado a su bando. El dolor de la mayoría y el rencor eran el denominador común de la España posterior a la contienda.
La guerra supuso una fractura demográfica importante. Por un lado, el impacto en pérdidas humanas fue muy considerable. Se estima que las víctimas de la contienda superaron el medio millón de personas, incluyendo muertos en combate y represaliados en retaguardia. Además, habría que contabilizar los ejecutados por los vencedores tras la guerra, no menos de 50000 personas. A esto hay que sumar, al menos, otras 300000 personas exiliadas a Francia y países latinoamericanos principalmente. En los últimos meses de la guerra, millares de combatientes republicanos y de familias que habían defendido públicamente al Gobierno legítimo tuvieron que abandonar España. El puerto de Alicante y la frontera catalana con Francia se convirtieron en las salidas al exilio de miles de españoles.
Pero en cuanto al poblamiento, hay que señalar que en los años de la posguerra se produjo un estancamiento e incluso un retroceso de la población urbana debido al desmantelamiento de la economía industrial y de servicios, y a la necesidad de buscar la subsistencia cerca de la tierra.
La guerra hizo que quedara destruido todo el esfuerzo de regeneración cultural y educativa de la Edad de Plata y las figuras más importantes de la cultura murieron o se exiliaron (Lorca, Machado, Alberti o Picasso). Además fueron ejecutados o destituidos más del 60% de profesores y maestros. La cultura oficial retrocedió a los tiempos propios de la época de la Inquisición.
En cuanto a las repercusiones económicas, los años cuarenta fueron los ¨años del hambre¨. La destrucción de recursos económicos e infraestructuras es de muy difícil cálculo. La cabaña ganadera se redujo en la guerra en un 60%, mientras la producción agrícola bajó en un 25% aproximadamente. En todo caso, superó el 25% del PIB. La Hacienda Pública estaba arruinada y sin reservas financieras. Se produjo un estancamiento económico durante toda la década; de manera que no se recuperó el nivel de renta de 1935 hasta ya entrados los años cincuenta. Por otra parte, España no pudo beneficiarse de las ayudas estadounidenses para la reconstrucción del Plan Marshall de 1947 por el tipo de régimen dictatorial y el consiguiente aislamiento internacional que provocó la dictadura.
Las consecuencias políticas fueron el final de la democracia y modernidad que había vivido España y el inicio de un larguísimo período de represión y falta de libertades y derechos.
En el ámbito internacional, España inició 20 años de aislamiento político, con excepción del reconocimiento del Vaticano y Argentina.

RESÚMENES BLOQUE 9 (3ª EVALUACIÓN)


9.1. Alfonso XIII y la crisis del sistema político de la Restauración: los partidos dinásticos. Las fuerzas políticas de oposición: republicanos, nacionalistas, socialistas y anarcosindicalistas.
Introducción
El 17 de mayo de 1902, el heredero de la Corona, Alfonso XIII, se convertía en rey, previo juramento de la Constitución de 1876. En ese momento el sistema de la Restauración dependía para su continuidad de que se diese solución a estos urgentes problemas:
-          Necesidad de dar autenticidad al sistema político, permitiendo y animando a la participación real de toda la población. La existencia de un régimen político corrupto con elecciones fraudulentas hasta ahora no lo había permitido.
-          Atención a las reivindicaciones prácticas de las clases populares.  Medidas como el Reglamento de Inspección del Trabajo (1906), para regular la cuestión de los accidentes de trabajo; la Ley de Huelga (1909) etc.., parecen ir por esa línea. Pero el desencanto de las clases trabajadoras les llevará hacia posiciones políticas cada vez más radicales.
-          Lograr la integración en el sistema de la Restauración de nuevas fuerzas políticas en ascenso: el PSOE, que obtuvo en 1910 su primer diputado (Pablo Iglesias); las fuerzas regionalistas, especialmente el catalanismo, que en 1901 (LLiga Regionalista) y en 1906 (Solidaritat Catalana) obtuvo éxitos electorales y que tenía un nuevo líder Francesc Cambó; y por último, el republicanismo, que también crecía en importancia política con la fundación del Partido Republicano Radical (1908), de Alejandro Lerroux, y del Partido Republicano Reformista (1912).
-          Un ejército herido en su orgullo por la derrota en Cuba y que ven los nacionalismos periféricos como una seria amenaza para la unidad de España.

Evolución del régimen, intentos regeneracionistas en los partidos dinásticos
Coincidiendo con el cambio de siglo se produjo la necesidad de relevar a los primeros hombres de la Restauración, provocando dentro de los partidos oficiales una lucha por el liderazgo, que provocará una cierta inestabilidad política. En la etapa conservadora que va de 1902 a 1905 hubo cinco presidentes de Gobierno, y en la liberal, de 1905 a 1907, otros cinco.
En el Partido Conservador, a la muerte de Cánovas del Castillo, su sucesor Silvela, crítico con el canovismo, intentó unir las corrientes regeneracionistas surgidas tras el ¨desastre¨, pero lo único que logró fue poner de manifiesto la dificultad de acuerdo entre sus componentes. A Silvela pronto le disputó su liderazgo Fernández Villaverde. Con todo el político más representativo del partido fue Antonio Maura, que acabó convirtiéndose en el jefe conservador. Católico, enemigo del caciquismo para lograr la pureza de las votaciones, ocupó la presidencia del Gobierno entre 1903 y 1904, y de nuevo, en el bienio 1907-1909.
El Partido Liberal padeció también por esos años el problema de la jefatura producido con la muerte de Sagasta en 1903. Montero Ríos y Segismundo Moret se disputaron el liderazgo, aunque fue un tercero José Canalejas quien se convertiría en el verdadero jefe de los liberales.
El Gobierno conservador de Maura (1907-1909) y el liberal de Canalejas (1910-1912) constituyen la etapa central de la monarquía alfonsina. Fueron años de renovación interna, pero su fin llevará a la quiebra definitiva del sistema de la Restauración.
El turno liberal (1905-1907) se encontró con dos problemas el radicalismo del catalanismo y la aprobación de la Ley de Jurisdicciones. En 1905, las elecciones municipales dieron el triunfo en muchos ayuntamientos de Cataluña a la Lliga, lo cual hizo que en determinados órganos de opinión se desatara una euforia separatista, destacando la revista satírica Cu-Cut y el periódico La Veu de Catalunya, que lanzaron ataques a la unidad de la nación española, al rey y al ejército. La reacción de los oficiales de la guarnición de Barcelona fue contundente, con el destrozo de los locales de ambas publicaciones. El otro problema vinculado con el anterior, fue la aprobación de la Ley de Jurisdicciones, en ella se establecía que en el Código de Justicia Militar quedarían incluidos, en adelante, los delitos de injurias y calumnia al ejército.
Tras estos hechos, el nuevo Gobierno conservador de Maura presentó un programa revisionista intentó acabar con el caciquismo y legitimar la vida política, reformar la ley electoral, descentralizar el poder y fomentar la economía. Aunque se encontró con la desconfianza de la oposición y las resistencias dentro de su propio partido. Su labor se vio interrumpida por la crisis de la Semana Trágica de julio de 1909.
España, tras el desastre del 98, intentó recuperar el prestigio nacional maltrecho y poner fin al “aislamiento exterior”. Por ello, Marruecos fue el eje de la política exterior del primer tercio del siglo XX.
En la Conferencia de Algeciras de 1906 Francia y España fijaron sus respectivas zonas de influencia. A España le correspondía la zona norte, cuya pieza esencial era el Rif. Esto obligó al gobierno español a incrementar el contingente de tropas y acometer campañas militares para someter el territorio y asegurar la explotación de las riquezas mineras.
En julio de 1909 se produjeron graves enfrentamientos entre las tropas españolas y los rifeños. El gobierno decidió enviar refuerzos peninsulares y movilizó a los reservistas de Cataluña, padres de familia. El embarque de las tropas en Barcelona desencadenó un movimiento de protesta contra la guerra, con una huelga general.
La emboscada en el Barranco del Lobo, con numerosas bajas de soldados españoles, encendió más la huelga, promovida por socialistas y anarquistas, que degeneró en una revuelta espontánea, conocida como la Semana Trágica de Barcelona. Grupos armados levantaron barricadas y se enfrentaron a las fuerzas del orden. El gobierno reprimió con dureza la revuelta. Entre los fusilados se hallaba el anarquista Ferrer Guardia, destacado pedagogo de la llamada Escuela Moderna, el cual fue fusilado sin pruebas tras acusarle de ser el responsable de este levantamiento. Este hecho provocó un gran escándalo nacional (incluidas críticas de personalidades del Partido Liberal) e incluso internacional donde se denunciaba la actuación de Maura, el cual se vio obligado a dimitir.
Tras un breve Gobierno de Moret, el rey nombró como jefe de Gobierno al liberal Canalejas, que pretendió llevar a cabo una reforma social, propiciando un diálogo con el movimiento obrero; la separación real entre la Iglesia y el Estado (con la Ley Candado, que le aportó muchas críticas y la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano); un programa educativo y la modificación del servicio militar, que se hizo obligatorio en tiempos de guerra, circunstancia en la que quedaba eliminada la categoría de ¨soldado de cuota¨.
La labor modernizadora de Canalejas quedó truncada trágicamente cuando fue asesinado en noviembre de 1912. En ese instante, finalizaron a la vez la etapa de regeneracionismo interno desde los Gobiernos y los mejores momentos del reinado de Alfonso XIII.

Las fuerzas políticas de oposición: republicanos, nacionalistas, socialistas y anarcosindicalistas.
Los partidos excluidos del sistema habían tenido muy poco peso desde el comienzo de la Restauración, pero en los inicios del siglo XX su fuerza y sus apoyos comenzaron a aumentar.
Los republicanos: En las primeras décadas del siglo XX la oposición más importante era el republicanismo que conoció una renovación ideológica con la inclusión de las doctrinas del nuevo liberalismo democrático, más sensible a las reformas sociales, para intentar mejorar la vida de las clases medias y obreras.
El impulso regenerador y unificador llegó en 1903 con la formación de la Unión Republicana, cosechando un notable éxito electoral en las grandes ciudades. Las divergencias en este partido terminaron por dividir de nuevo al republicanismo; en 1908 se escindió el sector radical liderado por Lerroux, que formó el Partido Radical.
Los nacionalistas: El catalán era el nacionalismo de mayor relevancia en las primeras décadas del siglo XX. Estuvo dominado por la Lliga Regionalista, fundada en 1901. Esta formación política consideraba que se debía compatibilizar la regeneración política y la modernización económica con su reivindicación de la autonomía de Cataluña. Este era el partido de la burguesía catalana y no contó con el apoyo de la clase obrera, ya que no atendía a las reformas sociales. Practicó una política pactista colaborando en ocasiones con los partidos del turno (Conservadores y Liberales). El nacionalismo vasco. Tras la muerte de Sabino Arana en 1903, fundador y líder del PNV (Partido Nacionalista Vasco), se inició un duro y largo enfrentamiento entre el sector independentista y defensor de las ideas aranistas, y otro más moderado, liberal y posibilista que optaba por la autonomía vasca dentro de España. Con la nueva estrategia del sector autonomista, el nacionalismo vasco, amplió sus bases sociales y se consolidó como la fuerza mayoritaria en el País Vasco.
Dentro de las fuerzas obreras, como a finales del siglo pasado, sobresalen dos: Los socialistas (PSOE) crecen lenta pero progresivamente. Se agrupaba en torno a Pablo Iglesias y contaba con una potente organización sindical que les respaldaba (la UGT). Los anarquistas logran una amplia implantación entre el proletariado y, entre las diferentes facciones, desde 1910 (fecha de su fundación) sobresale la CNT, con un índice altísimo de afiliaciones. Defensores de la doctrina conocida como “la propagada por el hecho”, o, “acción directa”, fueron los responsables de los atentados a Canalejas o contra el Rey (el día de su boda).



9.2. La intervención en Marruecos. Repercusiones de la Primera Guerra Mundial en España. La crisis de 1917 y el trienio bolchevique.
Introducción
Tras los intentos regeneracionistas de los partidos oficiales, estos se sumieron en la división, incapaces de solucionar los problemas de España. A los problemas internos se sumó la influencia que tuvieron acontecimientos de transcendencia mundial como la Primera Guerra Mundial (1914-1918) o la Revolución Bolchevique en Rusia (octubre 1917). Todo ello llevará a la descomposición definitiva del régimen de la Restauración.

Repercusiones de la Primera Guerra Mundial en España.
Cuando estalló la Gran Guerra, el gobierno de Eduardo Dato declaró la neutralidad, que fue respaldada por todos los partidos. A pesar de la neutralidad oficial, las fuerzas políticas y los sectores sociales mejor informados y con inquietudes políticas se dividieron en dos bandos, los aliadófilos y los germanófilos.
Se puede decir que los sectores más conservadores de España simpatizaron, por lo general, con los Imperios Centrales, mientras que los sectores más liberales y la izquierda se inclinaron con los aliados. Solo los anarcosindicalistas y una minoría socialista calificaron la guerra como un enfrentamiento entre imperialismos, sin decantarse por unos o por otros.
La neutralidad favoreció una espectacular expansión de la economía. España, que se convirtió en abastecedora de los países beligerantes, a los que suministró materias primas y productos industriales. Sin embargo, mientras la burguesía industrial y financiera se enriqueció con los beneficios extraordinarios de la guerra, las clases trabajadoras sufrieron un fuerte descenso de su nivel de vida, a pesar del alza de los salarios, por la escasez y por la subida vertiginosa de los precios de los productos de primera necesidad.
Esta situación agravó las diferencias sociales de la época y provocó una gran agitación social y el auge del movimiento obrero. Este clima de extrema tensión social intensificó el número de huelgas.

La crisis de 1917
La llamada crisis del verano de 1917 puso de golpe sobre la mesa los graves problemas del país. Fueron en realidad tres revoluciones las que coincidieron de forma consecutiva, aunque no conectaron entre sí. Tras ella la monarquía quedó gravemente quebrantada.
-          La crisis del 17 se inició con un movimiento militar reivindicativo, fruto de la desigualdad del trato de los oficiales en Marruecos, con mejores sueldos y ascensos por méritos de guerra, y las guarniciones de la Península. A lo que se añadía la precariedad del material y el descrédito entre los militares de los partidos dinásticos. Esta especie de sindicalismo militar se concretó en la creación de las Juntas de Defensa, que reclamaban el ascenso por antigüedad y un aumento salarial. Las presiones de los militares provocaron la caída del Gobierno liberal de Gª Prieto y la del conservador de Dato. Finalmente, el nuevo Gobierno aceptó gran parte de estas peticiones y promulgó la Ley del Ejército en junio del 18, demostrando de nuevo su influencia en la política.
-          En cuanto al panorama parlamentario, las Cortes estaban cerradas, aunque un grupo de diputados, sobre todo catalanistas y reformadores, constituyeron una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona y solicitaron la convocatoria de Cortes Constituyentes. Las fuerzas de orden público disolvieron la Asamblea, quedando la petición desatendida.
-          Además, la convocatoria de una huelga general en agosto, debida en parte por el alza de precios durante la 1ª Guerra Mundial. Ésta contó con el apoyo de la UGT, la CNT y el PSOE, además de sectores republicanos. A pesar de que se extendiera por todo el país, acabó siendo sofocada por el ejército.

El trienio bolchevique
Tras la Gran Guerra, en España, como en todo Occidente, se vivió una crisis económica generalizada, que provocó un aumento de la conflictividad social y una subida del sindicalismo. Además, la Revolución Soviética había creado grandes expectativas para los movimientos revolucionarios en todo el mundo. El anarcosindicalismo aumentó con fuerza en estos años. Los conflictos laborales fueron creciendo en extensión, tanto en el campo (especialmente en Andalucía), como en la industria, sobre todo entre 1918 y 1920, periodo que la derecha denominaría el ¨trienio bolchevique¨. Destacó por su eco social la huelga en 1919 de la empresa eléctrica La canadiense de Barcelona, que duró 44 días, contó con un gran apoyo popular y paralizó la industria catalana. Esta huelga puede considerarse el primer gran éxito del movimiento obrero en España: se obtuvieron mejoras salariales, la readmisión de los despedidos y por primera vez, la implantación de la jornada laboral de ocho horas. Por otra parte, también se reavivaron las luchas de los jornaleros andaluces, con gran contenido político, cuyo objetivo era lograr una reforma agraria.
La respuesta de la burguesía fue muy dura, creando grupos armados (¨sindicatos libres¨), que actuaban contra líderes sindicales y que llegaron asesinar a algunos muy populares.
En el campo socialista el sindicato UGT no llegó a adquirir tanta fuerza, aunque amplió su presencia en zonas como Andalucía. Dentro del PSOE, el debate sobre la Revolución Rusa y la creación de la III Internacional (Internacional Comunista) provocó la escisión de un grupo minoritario, pero muy activo, que en 1921 creó el Partido Comunista de España.

La intervención en Marruecos
La depresión moral motivada por el desastre del 98 había provocado dos tendencias divergentes: por un lado una corriente anticolonialista y antimilitarista, sostenida por republicanos, obreros y defendida también desde el regeneracionismo de Joaquín Costa; por otro, el empeño también regeneracionista, de volver a introducir a España en el círculo de las potencias europeas, en el momento que el mayor o menor prestigio de las naciones se media en función de su poder colonial.
España optó, con una opinión pública mayoritariamente en contra, por embarcarse en la aventura de Marruecos, donde se tenía algunos territorios, para renovar su prestigio en Europa y defender algunos intereses económicos en la zona. Desde 1904 la penetración española en Marruecos había sido pacífica, sustentad en pactos individuales con las cabilas. Esta fracasó en 1909 y, a partir de entonces se entró en lo que los círculos diplomáticos se conoció como ¨ el avispero marroquí¨. Lo que se llamó guerra de Melilla, y que provocó la Semana Trágica de Barcelona; fue la respuesta militar del gobierno para proteger los intereses españoles ante los ataques de las cabilas rebeldes.
La 1ª Guerra Mundial, en la que España permaneció neutral, supuso un paréntesis en la acción en Marruecos, pero una vez terminada Francia intensificó su acción en la zona, apuntando la amenaza de instalarse en toda la región sin respetar sus pactos anteriores con España. En respuesta a esto, y también en 1919, el gobierno español inició una especie de carrera de posiciones desde las bases de Ceuta y Melilla.
También entre los marroquíes repercutió el fin de la Gran Guerra porque apareció un nacionalismo revolucionario.
La guerra llegó en 1921, y con ella, el desastre de Annual. El general Dámaso Berenguer, alto comisario de España en Marruecos, fue encargado de ocupar la zona occidental, y al general Fernández Silvestre, inclinado a tomar iniciativas por cuenta propia, se le confiaron las operaciones en la zona oriental. Volvió a ser una guerra bastante impopular. Aunque no hubo acciones coordinadas entre ambos generales se ocuparon importantes posiciones: Xauen, Annual, Sidi Dris, Abarrá,, etc.
Mientras tanto, un caudillo rifeño, Abd el-Krim, había organizado la resistencia, desencadenando una ofensiva desde Alhucemas, sobre Igueriben, que fue ocupada, y Annual. Sin la esperanza de refuerzos, el general Silvestre ordenó la retirada, la cual se convirtió en una auténtica carnicería en la que murieron alrededor de 14000 hombres, incluido Silvestre a quien mataron o se suicidó.
Apenas restablecida la iniciativa española en Melilla se abrió un gran debate nacional sobre esta desastrosa campaña, se designó al general Picasso para que iniciase una investigación, que no arrojó demasiadas luces, pero sí dejó constancia que la operación contó con el visto bueno del gobierno y del propio rey, aunque nadie asumió responsabilidades, también las investigaciones permitió conocer el grado de corrupción existente entre los oficiales españoles en Marruecos, quedando bastante desacreditado el estamento militar.
La suma de estos factores: inestabilidad política, desorden público (huelgas, atentados), nacionalismo catalán, Marruecos (¨desastre de Annual¨), propiciaron el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en 1923 que fue aplaudido por gran parte de la sociedad, empezando por la propio Alfonso XIII.





 9.3. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA. EL FINAL DEL REINADO DE ALFONSO XIII.
Introducción: antecedentes del golpe militar.
A principios de la década de 1920 España vivía una situación difícil. El régimen de la Restauración se había desprestigiado por varios motivos: gobiernos ineficaces, división interna de los partidos, corrupción política, ni siquiera los gobiernos de concentración habían evitado la inestabilidad política. El movimiento obrero se radicalizaba en sus reivindicaciones ante la recesión económica, con una escalada de huelgas y atentados violentos por parte de los sectores más radicales, contestado por el pistolerismo patronal, a todo esto se añadía las consecuencias del Desastre de Annual, el auge del nacionalismo que era visto con recelo por conservadores y militares  y por último la mejora de los resultados electorales de los republicanos y, sobre todo, de los socialistas provocaba la alarma de las clases altas.
El 13 de septiembre de 1923 el malestar del ejército se concretó en el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, éste justificó su actuación como un intento regeneracionista. En su manifiesto hablaba de establecer una dictadura temporal para resolver los problemas que tenía España. El golpe de Estado recibió los apoyos del ejército, de la iglesia, de la burguesía y del rey. Éste, aceptando el golpe de Estado encargó formar gobierno a Primo de Rivera. Las primeras decisiones políticas de éste fueron: supresión de las garantías constitucionales, disolución de las Cortes, prohibición de las actividades de los partidos políticos y el establecimiento de una rígida censura de prensa.

Etapas:
a)       El Directorio militar (1923-1925).
El primer gobierno de la dictadura se formó exclusivamente por generales, se denominó Directorio militar (1923-1925). Sus actuaciones más destacadas fueron:
        Reorganización de los ayuntamientos y de las diputaciones provinciales. Los concejales serían elegidos por sorteo entre los mayores contribuyentes y los alcaldes serían nombrados por el Gobierno. Al frente de los gobiernos civiles se nombraron mandos militares.
       Política centralista, se prohíbe el uso de la bandera catalana y se limita el uso del catalán al ámbito privado.
       Adopción de severas medidas de orden público, se prohíben las manifestaciones y las huelgas, lo que redujo rápidamente el número de atentados y de conflictos laborales.
       Creación de la Unión Patriótica a modo de partido único, sin ideología definida, cuya misión era apoyar la dictadura de Primo de Rivera.
       El gran éxito de este periodo fue acabar con la guerra de Marruecos. Una acción conjunta de España y Francia en esta zona supuso la rendición de Abd-el-Krim, con lo que se logró el control del Protectorado.
b)      El Directorio civil (1925-1930).
Una vez consolidado el régimen, se sustituyó el Directorio Militar por el llamado Directorio civil (1925-1930), integrado por civiles y militares. El objetivo era institucionalizar la dictadura. Con este motivo, en 1927 se creó una Asamblea Nacional Consultiva, sucedáneo de Parlamento, compuesto por miembros de la Unión Patriótica, elegidos por sufragio indirecto, y por funcionarios de la administración nombrados por el Gobierno. Esta Asamblea elaboró una especie de constitución que no llegó a entrar en vigor.
El Directorio civil puso en marcha una política económica intervencionista: se aplicaron medidas proteccionistas como el aumento de los aranceles, se realizó un ambicioso plan de obras públicas (electrificación de los ferrocarriles, regadíos en el Ebro) y se crearon monopolios estatales, entre ellos la Compañía Telefónica Nacional de España y CAMPSA.  Para acometer estos proyectos fueron necesarias grandes inversiones, que dispararon la inflación y la deuda pública.
En política social se creó el Consejo Nacional del Trabajo para resolver los conflictos laborales. Habría unos comités paritorios para mediar entre la patronal y los trabajadores. Primo de Rivera intentó atraer a su política a los líderes sindicales moderados como Francisco Largo Caballero (UGT) quien, durante unos meses, aceptó formar parte del Consejo. Por el contrario, la CNT estuvo prohibida y los comunistas fueron perseguidos.
Pese a que la dictadura, como solución provisional, fue aceptada por gran parte de los españoles, se ganó la oposición de muchos cuando fue evidente su intención de perpetuarse.
Así la oposición al régimen se generalizó entre los siguientes grupos:
Los conservadores y liberales exigían elecciones y la vuelta a la Constitución de 1876. Muchos republicanos se unieron en la Alianza Republicana e iniciaron una campaña en el exterior contra la dictadura. Los nacionalistas catalanes también se movilizaron en contra de la dictadura. Intelectuales como José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno manifestaron públicamente su oposición. La UGT rompió sus relaciones con el gobierno y los anarquistas se organizan creando la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en 1927. Un sector del ejército promovió pronunciamientos contra el régimen como la sanjuanada.

El hundimiento de la monarquía (1930-1931).
Ante la falta de apoyos, el Rey pide la dimisión a Primo de Rivera. Éste dimitió en enero de 1930 y se exilió a París.
Alfonso XIII nombra jefe de gobierno al general Dámaso Berenguer. Con la intención de volver al régimen anterior, pero los partidos dinásticos estaban desprestigiados y habían perdido su organización y la situación económica cada vez era más crítica (crisis del 29).
En agosto de 1930 la oposición antimonárquica firmó el Pacto de San Sebastián, apoyado por republicanos, nacionalistas y más tarde, por el PSOE. Se creó un Comité Revolucionario presidido por Niceto Alcalá Zamora para preparar la proclamación de la república. La CNT, respaldó la conspiración pero no se unió al pacto. Semanas más tarde se difundía un manifiesto que llamaba a la población a derribar la monarquía.
En diciembre fracasó el pronunciamiento de Jaca, primer intento de proclamar la república, y los miembros del Comité Revolucionario fueron encarcelados.
        Un grupo de intelectuales, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y Gregorio Marañón tomaron partido y crearon la Asociación al servicio de la República.
En febrero el nuevo jefe de gobierno el almirante Juan Bautista Aznar convocó elecciones municipales. Las elecciones celebradas el 12 de abril dieron el triunfo, en la mayoría de las ciudades, a las candidaturas republicanas. El día 14 de abril se proclamaba la Segunda República Española y, ese mismo día, Alfonso XIII, partía al exilio en Italia.


RESÚMENES BLOQUE 8



8.1. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA Y MOVIMIENTOS MIGRATORIOS EN EL SIGLO XIX. EL DESARROLLO URBANO.
INTRODUCCIÓN
En España los cambios sociales provocados por la revolución liberal e industrial se van produciendo en el siglo XIX, aunque a un ritmo menor que en otros países de Europa, debido a las dificultades para establecer un sistema político liberal estable y el retraso y las limitaciones con que se iniciará la Revolución Industrial en nuestro país.
CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO.
La población en los principales países de Europa creció durante el siglo XIX de manera vertiginosa. Entre otros países, Alemania, Bélgica, Países Bajos duplicaron sobradamente su población. Gran Bretaña casi la cuadruplicó.
En comparación con los países europeos occidentales, España tuvo un ritmo de crecimiento demográfico lento en el siglo XIX, de 10’5 millones de habitantes en 1797 pasó a 18’6 millones en 1900.
 La tasa de natalidad española, al terminar el siglo, era del 34 por mil, de las más altas de Europa pero era insuficiente ante la alta mortalidad porque, aunque la mortalidad disminuyó a lo largo del siglo, al terminar éste era del 29 por mil, la segunda más alta de Europa. La esperanza media de vida no llegaba a los 35 años. Las causas que explicarían esta alta mortalidad serían varias. En primer lugar, en España pervivieron las crisis de subsistencia propias de la época del Antiguo Régimen. Estas crisis se debieron por un lado a la meteorología, ésta era muy determinante para que se dieran malas cosechas y por otro el atraso técnico de la agricultura española, que generaba bajos rendimientos. Además, las carencias del transporte impedían llevar productos de las zonas excedentarias a las deficitarias.
Otro factor muy importante fue el protagonizado por las periódicas epidemias de cólera (el cólera tuvo una gran extensión, en España hubo 5 brotes durante el siglo, la epidemia de 1854-55 fue la más mortífera de todas, la última se produjo en 1885), tifus y fiebre amarilla, así como por la prevalencia de enfermedades endémicas como la tuberculosis, viruela, sarampión, escarlatina y difteria. Las epidemias y las enfermedades incidían de forma brutal sobre una población muy debilitada por evidentes carencias alimenticias y por una deficiente atención sanitaria. La mortalidad, en todo caso, manifestó las claras diferencias sociales del siglo. El acceso a la medicina moderna, así como a viviendas con adelantos modernos y que cumpliesen requisitos de salubridad, solamente fue posible para las clases alta y media.
En conclusión, en España pervivió el régimen demográfico antiguo, con la excepción de Cataluña, que inició antes la transición demográfica, precisamente en relación con su proceso de industrialización y modernización económica, estamos pues ante una transición demográfica muy retrasada en las que las tasas de natalidad y mortalidad irían descendiendo muy lentamente.
La estructura demográfica por sectores económicos era arcaica y desequilibrada, con un importante predominio del sector primario (70%) frente al secundario (12%) y al terciario (18%).

MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
A comienzos del siglo XIX existía una pequeña emigración que se dirigía hacia el norte de África (Argelia), América o Europa, con una emigración en algunos casos de carácter temporal en búsqueda de un trabajo agrícola más remunerado, o como consecuencia de la situación política, que provocaría importantes emigraciones, sobre todo durante la década ominosa (1823-33).
A mediados de siglo, una serie de disposiciones anularon los obstáculos legales que se oponían a la emigración, y así se incrementó la marcha de personas que buscaban mejores condiciones de trabajo y de vida hacia repúblicas de Sudamérica, norte de África y Europa. La corriente migratoria se dirigía sobre todo a Argentina y Brasil, y en menor medida a Argelia y Francia. Las guerras coloniales de 1897 a 1900 frenaron la tendencia que se restableció a comienzos de siglo siguiente.
En cuanto a los movimientos migratorios interiores, desde el siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, la cuantía de éstos no fue grande; no obstante, la industrialización de Cataluña y el País Vasco así como el desarrollo de Madrid o la zona del Levante intensificaron estos desplazamientos, las zonas migratorias pertenecían a Galicia, las dos Castillas, Aragón y Andalucía oriental.

EL DESARROLLO URBANO.
En España, el proceso de urbanización fue limitado. El movimiento del campo a la ciudad es un fenómeno muy relacionado con la revolución agrícola y la industrialización. Al no haber en España una clara modernización agrícola y con una industrialización lenta y tardía, el éxodo rural no comenzó hasta fines del siglo XIX, siendo más evidente en el siguiente siglo. En el último tercio del siglo, el proceso de urbanización se aceleró de manera notable, aunque desigual. Crecieron ciudades como Bilbao, Barcelona y Valencia, mientras que otras como Madrid, Zaragoza o Cartagena, lo hicieron de manera más pausada. La estructura de la ciudad se quedaba pequeña, y se hacía necesario un ensanche destinado a dar alojamiento a los nuevos pobladores llegados del campo.
Los ensanches de Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Valencia y de otras tantas poblaciones supusieron grandes desafíos urbanísticos, a los cuales hicieron frente los arquitectos de la época. Surgieron así el ensanche de Barcelona, de Ildefonso Cerdá; o la Ciudad Lineal, proyectada para Madrid por Arturo Soria.
Concretamente, el crecimiento de la ciudad de Barcelona se convirtió, a finales de siglo, en un modelo urbano europeo industrial porque en primer lugar, se hizo con unos barrios salidos de un ensanche precipitado por la incesante llegada de inmigrantes, con viviendas, talleres, fábricas con vías y estaciones de ferrocarril.
Por otra parte, nos encontramos unos barrios promocionados por la burguesía industrial, trazados en manzanas cuadrangulares y con unos edificios en los que los arquitectos se esforzaron en plasmar el arte modernista catalán.




8.2. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN LA ESPAÑA DEL XIX. EL SISTEMA DE COMUNICACIONES: EL FERROCARRIL. PROTECCIONISMO Y LIBRECAMBISMO. LA APARICIÓN DE LA BANCA MODERNA.
INTRODUCCIÓN.
Durante el s.XIX la economía española experimentó numerosos cambios, sin alcanzar el desarrollo de otros países europeos. Solo en el País Vasco y Cataluña hubo una transformación industrial importante.
LAS PECULIARIDADES DE LA INCORPORACIÓN DE ESPAÑA A LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
El proceso de industrialización no fue tan importante como en otros países europeos, afectó principalmente a las zonas de Cataluña y el País Vasco. A finales del XIX, España era aún un país poco desarrollado industrialmente, continuaba siendo eminentemente agrario.
Este retraso industrial puede explicarse por la falta de poder adquisitivo de la población y por un proteccionismo excesivo, otros elementos que explican este retraso fueron:  la falta de inversiones, las malas comunicaciones terrestres y la falta de redes comerciales para llevar los bienes al consumidor potencial.
 Algunos de estos problemas se resolvieron lo largo del siglo, aunque la expansión industrial fue mucho más débil que en la mayoría de países de Europa Occidental.
A pesar de la poca capacidad de compra del mercado español en Cataluña se creó una importante industria textil, sobre todo algodonera, gracias al avance de la economía catalana y a las medidas proteccionistas de los gobiernos, también fue un elemento decisivo en el desarrollo de esta industria el espíritu de iniciativa y de riesgo de la sociedad catalana.
En cuanto a la industria siderúrgica, en 1831 se instaló en España el primer alto horno, el de La Constancia, en Málaga. La familia Heredia impulsó la actividad y Andalucía fue la primera región con siderurgia moderna.  La escasez de mineral y carbón la hizo inviable en tres décadas. En la década de 1840 se desarrolló la siderurgia en Asturias.
Los primeros altos hornos en el País Vasco se instalaron en 1841. Loa comerciantes vascos aprovecharon la política proteccionista de los gobiernos liberales y la supresión parcial de los fueros. La explotación del mineral de hierro permitió a un sector de la burguesía enriquecerse exportando el mineral a Reino Unido, lo que propició la aparición de importantes astilleros para construir barcos que transportaran el mineral.
 A partir de 1860 se levantaron altos hornos para la fabricación de hierro, que eran propiedad de las empresas creadas por los comerciantes del mineral. Pronto Vizcaya se convierte en el principal foco industrial de la siderurgia, sobre todo con la sustitución del hierro por el acero, dando lugar al gigante industrial de Altos Hornos de Vizcaya. En Guipúzcoa aparecen también numerosas empresas metalúrgicas de transformados del acero. Así surgió una segunda isla industrial, en el conjunto español todavía agrario, que transformó la sociedad y economía de los territorios vascos.

EL SISTEMA DE COMUNICACIONES: EL FERROCARRIL.
España disponía hacia 1850 de una red de caminos y de carreteras cuya extensión no llegaba a una décima parte de la de Francia, con una extensión territorial similar. A mediados de siglo la situación mejoró. En 1850 se estableció el servicio de correos y, en 1852 se inauguró el servicio de telégrafos.
Pero el principal reto seguía siendo el transporte de mercancías. La creación de redes comerciales exigía disponer de facilidades para trasladar mercancías en grandes cantidades y con cierta rapidez. Hacia 1850, Madrid era la única capital europea que solo disponía de caminos para carros. En el Bienio Progresista (1854-56) se dio un impulso decisivo a la construcción del ferrocarril con una legislación que permitió la entrada de capital extranjero para financiarlo. Una nueva Ley de Ferrocarriles de 1877 favoreció la formación de nuevas empresas que duplicaron el tendido existente hasta llegar a unos 13.000 km a finales de siglo. Se incrementó la presencia de capital español y las subvenciones del Estado. Y el ferrocarril comenzó a ejercer cierto arrastre de la industria siderúrgica y metalúrgica nacional. En 1883 se fabricó la primera locomotora y comenzó una intensa fabricación de material ferroviario. Los ferrocarriles mineros y los de vía estrecha, que completaban la red principal, se realizaron básicamente a finales del siglo. Se produjo una revolución en el sistema de transportes al permitir el traslado y comercialización de los productos entre las zonas agrícolas y las industriales. Pero el diferente ancho de vía con respecto a las europeas fomentó el aislamiento. El trazado radial ignoraba la localización periférica de la industria. Además, la limitada demanda existente hizo del ferrocarril un negocio poco lucrativo.

PROTECCIONISMO Y LIBRECAMBISMO.
La economía española durante este periodo se encontraba ante el gran dilema del proteccionismo o el librecambismo. El primero propugna la protección de la producción nacional frente al mercado exterior, mediante el establecimiento de altos impuestos aduaneros a las mercancías importadas, que en general eran más competitivas. Así, la producción nacional, de menor calidad y más cara, podría soportar la competencia exterior. Por el contrario, el librecambismo defiende la libertad de intercambios con bajos aranceles. El Estado debe garantizar la libre transacción de capitales y mercancías.
Durante el siglo XIX España tuvo una economía con un nivel de protección arancelaria más alto que el entorno europeo. Resulta llamativo que en 1820 liberales progresistas lograran establecer un arancel muy restrictivo que seguía prohibiendo la importación de 675 tipos de mercancías.
Posteriormente, las Cortes progresistas de 1841 redujeron las prohibiciones. En 1849 una nueva ley rebajó aún más los aranceles. La polémica entre los dirigentes liberales fue continua y surgieron asociaciones defensoras de ambas posturas.
Mientras la burguesía moderada del textil catalán y los cultivadores de trigo del interior abogaban por un mercado reservado a la producción nacional, los progresistas y demócratas eran partidarios del librecambismo como forma de conseguir inversiones y tecnología y de poder acceder a capitales y bienes de equipo extranjeros. Solamente en breves periodos, como durante el Bienio Progresista, y limitado a sectores muy concretos, como fue el ferrocarril, se adoptaron criterios librecambistas.
Tras la Revolución de 1868, el ministro Laureano Figuerola estableció un nuevo arancel que pretendía abrir la economía española al exterior como forma de promover el desarrollo económico. Este arancel establecía una desprotección selectiva, manteniendo una amplia protección para los productos agrarios y rebajando la de los productos industriales.
El arancel de Figuerola no acabó de implantarse totalmente ante la resistencia de los grupos industriales catalanes y vascos y de los harineros castellanos. De hecho, una ley de 1875 paralizó su implantación. La crisis agraria de finales de siglo, especialmente grave en España, tuvo como respuesta el arancel muy proteccionista de Cánovas de 1891, la economía española entró en una década e muy bajo crecimiento de la renta y un gran debilitamiento del sector exterior.

 LA APARICIÓN DE LA BANCA MODERNA.
El sector financiero jugó un papel básico en la industrialización y la economía. Con Fernando VII se creó el Banco de S. Fernando (1829) y la Bolsa de Madrid (1831). La Ley de Bancos y Sociedades de Crédito (1856) inició la modernización del sistema bancario. Nace el Banco de España (1856) y entidades como el Banco de Santander (1857), Banco de Bilbao (1857) y Banco Hipotecario (1872).
 En 1868 se instauró la peseta como moneda oficial, logrando la unidad monetaria.
Con la Restauración comenzó un nuevo sistema bancario, de tipo mixto, en el que los bancos se especializaron poco y atendían con sus préstamos tanto a la financiación de inversiones como la de consumo. Con el cambio de siglo aparecieron varios de los grandes bancos de la historia de económica de España: Hispano-Americano en 1900; Vizcaya en 1901, Español de Crédito en 1902, etc.